Una universidad diferente y una educación distinta son posibles: Rector

Vie, 23 Nov 2018
El Mtro. David Fernández enuncia las distintas posibilidades y primicias de una nueva institucionalidad
  • Una educación y universidad diferentes son posibles, así lo considera el Mtro. David Fernández, Rector de la IBERO.

“Mala es una educación en la que no cabe la compasión; mala la que, llevada por el culto a la racionalidad, pretende que la existencia humana sea cabalmente inteligible e ignora sus contradicciones. Mala la que aspira a formar un liderazgo que es autosuficiencia y separa de los demás. Mala la que ignora que somos seres-en-el-límite, a veces triunfadores y muchas veces perdedores”. Pablo Latapí

´Para una educación distinta’.

Tercera parte: ¿Es posible una universidad comprometida y transformadora, sin condicionamientos del mercado, que atienda los intereses de la realidad, la comunidad, las mayorías excluidas y empobrecidas? 

¿Es posible una universidad comprometida y transformadora, sin condicionamientos del mercado, que atienda los intereses de la realidad, la comunidad, las mayorías excluidas y empobrecidas?, esta es una pregunta que se hace el Maestro David Fernández Dávalos, S. J., Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México·Tijuana.

Dicha interrogante estuvo durante mucho tiempo en el corazón de las reflexiones de Ignacio Ellacuría, S. J, (quien fuera Rector de la Universidad Centroamericana de El Salvador), de las cuales retomó algunas el Maestro Fernández, y que atañen no tanto a los procesos y programas educativos, cuanto al papel que la universidad debe jugar en el seno de la sociedad.

Ellacuría decía que una universidad tiene que medirse por su incidencia en la realidad histórica, “criterio eminentemente político” y relativo a la capacidad de la institución de incidir para transformar. Transformación que siempre debe hacerse universitariamente, es decir, desde la docencia, la investigación, la vinculación y la innovación.

El horizonte de la acción y la actividad universitaria tienen que ser las mayorías excluidas y oprimidas, y la docencia e investigación tienen que estar orientadas por este interés. Como lo cultural es el campo propio de la actividad universitaria, y cultural viene de cultivar, hay que “cultivar la realidad nacional, ser conciencia crítica y creadora”. En tanto que el objeto de la acción universitaria es el cambio de la realidad injusta y excluyente.

Otra convicción que tenía el Padre Ellacuría era que la existencia de la universidad no puede justificarse sólo por la buena voluntad con la que se actúa en y desde ella. “Si no se obtiene lo que pretendemos, si realmente no incidimos desde la pertinencia hacia la transformación de la realidad, si no obtenemos lo que decimos que queremos, continuar con la universidad sólo se justificaría como un mal menor”, aclaró el Maestro David.

Condicionamientos sociales contra la universidad

Este modelo ellacuriano de universidad, que pretende para la IBERO el Rector Fernández Dávalos, enfrenta numerosos condicionamientos sociales:

1.- La dependencia económica de la universidad. Sea de las colegiaturas, sea del capital privado o de subsidios gubernamentales, “y entonces, el que paga manda”.

Pero la dinámica de la universidad no puede ser la de ‘me das, te doy’. Sin embargo, si la Universidad es congruente con lo que dice y si insiste en su autonomía, el económico resulta ser un condicionamiento importante, porque se pueden cerrar las fuentes de financiamiento, se pueden ir los alumnos y los estímulos a los investigadores se podrían cerrar.

2.- Las resistencias sociales y políticas para que la universidad cambie, para que sea crítica. Quienes detentan el poder económico y político, que sostienen el sistema injusto que se vive y que la universidad pretende cuestionar, siempre significarán una amenaza para ella. Por eso “esta Universidad Iberoamericana ha vivido campañas de desprestigio contra la institución, contra las personas que tenemos algún papel dentro de ellas”, al igual que sus universidades hermanas, la IBERO Puebla y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), donde “la presión, la coerción, se deja sentir de inmediato”.

3.- Las resistencias del alumnado. “Los estudiantes no vienen a nuestras universidades para ser perturbados, vienen a ser profesionalizados, vienen para que les demos un papel que les permita insertarse en el mercado”.

4.- Las resistencias de los académicos (as). Generalmente es más pasiva que activa, pero un buen número son refractarios al cambio -sobre todo en las universidades públicas, temerosos de las consecuencias de las opciones institucionales-. Suelen decir, comentó el Rector, es que si seguimos por ahí se van a ir los alumnos, nos van a criticar, estamos dejando de ser la universidad de prestigio que éramos. A mí que me dejen hacer investigación, no me pidan que contribuya a la transformación de la realidad.

5.- Las resistencias de las autoridades universitarias. “Porque una universidad comprometida, un alumnado más consciente, es mucho más difícil de dirigir”.

6.- Las resistencias de los distintos funcionarios administrativos. Es que sale más caro estar con los pobres que tener nuestras clases aquí, en el aula. “Por supuesto, sale más caro”.

7.- Los rankings y las acreditaciones. Son obstáculos a la autonomía de la universidad, a la criticidad de la institución universitaria, “porque nos proponen los criterios con los que se tiene que evaluar el funcionamiento universitario y lo que se comprende como calidad educativa, que nada tiene que ver en absoluto con construir universidades transformadoras e incidentes”, pues se rigen con criterios de mercado, con frecuencia ajenos a la misión universitaria de la IBERO.

La realidad alienada

Asimismo, el Maestro David Fernández también mencionó que la universidad es lejana a la realidad de los pobres, pues sea pública o privada, a ella acceden principalmente estudiantes de los tres deciles de mayor ingreso en el país.

En la primera, los alumnos de este sector económico alcanzan a ser hasta el 70% de la totalidad de la población, lo que muestra que, “la universidad pública ha dejado de cumplir con su tarea de movilidad social, porque a ella están accediendo mayoritariamente quienes sí tienen dinero para estudiar”.

Por su naturaleza, la universidad en sí misma es lejana al mundo de los pobres, porque cursar una licenciatura no sólo significa entrar a una institución de educación superior, sino tener tiempo, es decir, no necesitar trabajar, ni tener que atender a algún familiar enfermo; además de tener recursos económicos para transportarse, comprar libros y materiales.

Como el modelo actual de universidad está inserto en un mercado educativo, al cual es funcional, la educación distinta que ofrece la IBERO -e instituciones educativas de la Compañía de Jesús, como las del Sistema Universitario Jesuita (SUJ)-, tiene que posicionarse y competir frente a universidades que dependen de las iniciativas privadas “interesadas en generar los cuadros de relevo de sus empresas”.

“Y también el conocimiento con el que trabajamos, el saber universitario, no proceden de los intereses del pueblo, ni proceden de los intereses de desarrollo propio. Generalmente, casi sin excepción, proceden los conocimientos con los que trabajamos de las metrópolis del Norte, y tienen como finalidad la reproducción del capital y la estabilidad del statu quo”.

Por tanto, la lejanía de los pobres, el mercado y sus criterios, y el trabajo con saberes que requiere el capital, constituyen la realidad alienada de la universidad, como institución educativa.

Las distintas posibilidades

Pese a esta estructura alienada de la universidad, hay distintas posibilidades para una educación distinta, como dejan ver las siguientes constataciones -algunas de perogrullo-:

La universidad, como formadora de profesionales, es necesaria para la sociedad.  La educación superior es un hecho necesario, siempre va a existir.

Mas decía Ellacuría que esa educación superior sería inmoral si tendiera a perpetuar la situación de nuestros países (latinoamericanos). “Entonces un bien que justifica que estemos es neutralizar los posibles males que pueda ocasionar a la sociedad” la educación. Por eso la apuesta de la IBERO es tratar de sacarle el mayor provecho a la educación para un cambio social. Tratar de neutralizar los males que podría provocar la educación si sólo mantiene el statu quo “hace que valga la pena que lo intentemos”.

Pero si no se puede llegar al ideal de la universidad que quiere la IBERO, por lo menos se puede apoyar, dar legitimidad y cobertura ideológica a quienes pugnan por un cambio. Por ejemplo, los migrantes  centroamericanos a su paso por México, los periodistas que están luchando para que nos los asesinen, los defensores de derechos humanos que junto con las familias tratan de descubrir qué ha pasado con los desaparecidos. “La Universidad puede dar legitimidad, sostenimiento ideológico, a eso que parece insignificante, deleznable”.

También puede dar legitimidad a modelos de empresa social y solidaria que están desprestigiados en México, “porque los usaron como elementos de corporativización y de control, de correa de transmisión de los intereses del Estado".

Puede ayudar a debilitar resistencias personales y profesionales. Y habrá hecho un buen trabajo si los estudiantes, a su paso por la universidad, por lo menos no se oponen a aquellas fuerzas que quieren el cambio; si los profesionistas, sean economistas, sociólogos, educadores o del área que sean, debilitan sus resistencias a experimentar e intentar cosas nuevas.

“También podemos limitar a los núcleos de poder con el capital simbólico y social de la universidad. Podemos detener la agresión de la que son víctimas muchas poblaciones en nuestro país; estoy pensando en las mineras, por ejemplo, estoy pensando en los megaproyectos que atropellan a las comunidades indígenas. No es lo mismo pelear contra el pueblo ayuuk, que contra la Universidad Iberoamericana y el pueblo ayuuk”.

Puede ofrecer análisis y propuestas de política pública en todos los campos de la realidad histórica. “Esto hicimos ahora en la coyuntura electoral, cuando a todos los candidatos y candidatas les entregamos unas propuestas en torno a nueve campos de la realidad, y que también entregamos, por cierto, al presidente electo”. 

Primicias de una nueva institucionalidad

Así las cosas, el Rector de la IBERO dio ‘primicias’ de una nueva institucionalidad en la línea de universidad que se pretende:

1.- Un modelo distinto de universidad. Fuera de las normas impuestas, una universidad verdaderamente autónoma y sin condiciones. Y desarrollar el carácter de bien público y de derecho humano de la educación superior; lo que la IBERO pretende hacer con el programa de becas ‘Si quieres puedes’ y con las carreras de Técnico Superior Universitario.

2.- Analizar temas nacionales prioritarios. Para hacer aportes rigurosos y sustanciales; ofrecer una voz independiente, más allá de los intereses económicos y políticos de las clases superiores y hegemónicas; ofrecer profesionistas honestos que apoyen el cambio; educar para la justicia, la empatía, la solidaridad, el compromiso y la acción transformadora; servir a veces de voz de aquellos a quienes les ha sido negada la voz, o abrir espacios para aquellos sectores a los que se les niega la oportunidad de hacer oír su voz.

3.- Abrir espacios. Para los pobres, para los excluidos, para que ellos hagan oír su palabra; ayudar a los sectores marginados con proyectos de intervención de los más diversos temas, como la Casa de las Parteras o la reconstrucción de San Mateo del Mar; la inclusión de personas con discapacidad; las nuevas prácticas educativas; la innovación empresarial.

4.- Abrir horizontes distintos. Evidenciar que es posible generar procesos, prácticas y acciones que sean horizontes que generen vida en abundancia, y que, “apunten en una dirección contraria a la del proyecto hegemónico, cada vez más racista, más excluyente, más injusto”.

¿De dónde va a provenir el cambio?

Aunque “el cambio en la universidad no va a provenir primordialmente del hecho de admitir más pobres en ella”; sin embargo, para ser creíbles, para ser primicia de inclusión y pluralidad, para aportar un poco a la movilidad social, se hace necesario en las universidades del SUJ tener un núcleo significativo de sectores populares dentro de ellas, a manera de fermento que las vaya transformando.

Es necesario también rechazar profesores que no estén dispuestos a comprometerse, por lo menos al silencio obsequioso, con esta función social de la universidad. Y es preciso resolver estructuralmente el problema del financiamiento, de suerte que se vaya alcanzando gradualmente esa mayor autonomía, y procurar en esta dirección una mayor independencia de quienes favorecen el sistema por ser favorecidos por él.

El contacto permanente y cercano con las mayorías es un principio de esa autonomía, frente a la atmósfera social reinante en el medio universitario de alejarse cada vez más. “Aquí me gusta citar que, el Dios de Jesús, en lugar de separarse cada vez más, más; en lugar de subir, subir; intenta bajar, bajar. Además de ser un imperativo histórico hoy, es una necesidad y un imperativo ético, y un imperativo de fe, de nuestra identidad”.

Por eso el Padre David dijo que si la IBERO quiere ser una universidad orientada a valores, “con profesionales pertinentes que estén a medio camino entre nuestras finalidades y el mercado”, no tiene que ver principalmente hacia el mercado socio-profesional, sino hacia la realidad y sus desafíos.

Y dejó en claro, porque hay una confusión y presiones enormes al respecto, que la universidad no es una extensión del hogar, “no es aquí el lugar donde los papás pueden dejar a sus hijos sin peligro. Aquí los vamos a poner en peligro; porque este es un espacio social de carácter público, y la educación, toda, atañe al conjunto social”.

Luego entonces, una universidad de la Compañía de Jesús, como es la IBERO y resto de las del SUJ, apuesta a que es posible una educación distinta; que considera que el universitario en sí mismo contribuye o puede contribuir a la misión del servicio de la fe y la promoción de la justicia; que reconoce las múltiples determinaciones de la universidad y reconoce su complejidad, pero pretende ir logrando gradualmente su autonomía plena.

“Los medios que adoptamos en la gestión universitaria no pueden contradecir estos fines que he enunciado. Entonces, la condición de posibilidad para obtener los fines, es el buen funcionamiento de la institución; que es otro de los imperativos que tenemos”.

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Texto y foto: PEDRO RENDÓN/ICM


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