Útil y necesario, un psicodiagnóstico a candidatos a religiosos: exjesuita

Mar, 15 Ene 2019
El Lic. Iván Pérez menciona que una evaluación psicológica puede paliar problemas que entorpecen el ministerio pastoral
El tema es abordado por Pérez en su libro ‘El papel de la psicología en la formación sacerdotal’, publicado recientemente por Buena Prensa
  • Lic. Iván Pérez, psicólogo y autor del libro libro ‘El papel de la psicología en la formación sacerdotal’.
  • El exjesuita, con un ejemplar de su libro sobre el escritorio.

Las indicaciones que se pueden extraer de una evaluación psicológica, seria y cuidada, pueden paliar problemas que entorpecen gravemente el ministerio pastoral y que de hecho se dan, como son: incapacidad de colaborar en la parroquia, intolerancia, falta de escucha, escándalos, abuso del poder, dependencias excesivas e incluso abusos sexuales.

La existencia y conocimiento público de esos problemas, además de causar daño a la comunidad religiosa y a los fieles, da cuenta de una existencia parcial y vacía que no es capaz de desarrollar los dones espléndidos de la vocación sacerdotal.

Así lo considera el licenciado Iván Pérez del Río, psicólogo español y exjesuita, para quien los problemas enunciados son aspectos disonantes que, quizás con unos buenos instrumentos de selección y una formación integral, se hubieran podido evitar.

Sobre este tema habla Pérez en su libro El papel de la psicología en la formación sacerdotal, recientemente publicado por Buena Prensa (editorial de la Compañía de Jesús); y para dar a conocer un poco más su obra en nuestro país brindó la siguiente entrevista a la Dirección de Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

—¿Por qué publicar un libro sobre la psicología en la formación sacerdotal?

La formación del sacerdote es amplia, en general suele durar varios años divididos en diferentes etapas. En el libro me centro en hablar del papel de la psicología en una etapa muy sensible, la admisión de los candidatos al seminario o a la casa de formación. En esa etapa, la psicología ofrece la herramienta del psicodiagnóstico que, bien utilizado, puede ayudar mucho. Pero a mi juicio, la Iglesia durante un tiempo ha situado a la psicología a un lado, como si fuera enemiga de lo espiritual. Aun hoy, en algunas personas, sigue habiendo reticencias o rechazos.

Hay personas que al psicodiagnóstico inicial del candidato lo consideran un trámite para decir 'apto o no apto'. Sin embargo, en términos generales un buen psicodiagnóstico no es capaz de decir 'apto o no apto', porque es mucho más que un mero filtro. Cuál es el problema; que esta evaluación en muchos casos termina en un cajón y no se vuelve a tocar durante toda la formación. Eso trae como consecuencia que la persona no crece lo suficiente y hay lagunas en su formación.

Dicho esto, un primer motivo para publicar el libro es sensibilizar en la utilidad, y necesidad ineludible del psicodiagnóstico, como herramienta en el proceso de selección y formación de los seminaristas y religiosos.

Por otra parte, y con relación a los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia, los expertos recomiendan prestar atención a tres puntos: la selección, la preparación adecuada de los formadores en los seminarios y al acompañamiento cualificado durante la formación. Mi libro trata de responder a la primera de las recomendaciones, la selección.

Al hilo de lo anterior, el Papa Francisco se ha manifestado en numerosas ocasiones al denunciar que lo habitual en el interior de una congregación o una diócesis es la competencia, el chisme, la difamación, la envidia, la división, el uso del poder mezquino.

En esos casos, dice el Papa, algo no marcha bien. Esto no sólo se enfrenta con el Evangelio que se trata de anunciar, sino que es una clara manifestación de una afectividad mal vivida, de una incapacidad para promover relaciones sanas y maduras. Cada comunidad, cada congregación, deberá analizarse y tomar medidas en cuanto a la selección, a la formación integral y al tipo de formadores a los que encomienda esa formación.

—¿El psicodiagnóstico a candidatos al sacerdocio puede evitar el ingreso de personas proclives a cometer abusos sexuales?

Ciertamente, la psicología aporta herramientas precisas para esa evaluación psicológica y para abrir caminos de crecimiento a lo largo de la formación, mas resulta complicado diagnosticar a personas que puedan cometer abusos. El psicodiagnóstico no da certezas, no puede decir 'esta persona puede cometer un acto delictivo de este tipo'.

Para 'detectar' posibles abusadores los expertos mencionan seis señales, que han de leerse de modo integral, nunca por separado. Estas señales son: confusión en la orientación sexual; escasez de relaciones entre iguales; intereses y comportamientos infantiles; desarrollo unilateral del área sexual; historia de violencias o de experiencias sexuales que entran en el área de la parafilia; y una personalidad extremadamente pasiva, introvertida, conformista y dependiente. Pero insisto, estas señales no se pueden considerar de modo aislado, hay que hacer una lectura integral de ellas en diálogo con la biografía de la persona.

—¿La abolición del celibato ayudaría a eliminar o reducir los abusos por parte de sacerdotes?

Desde mi punto de vista creo que no, porque el celibato no provoca que una persona sea pederasta; por tanto, su abolición me parece que no conduciría a eliminar o reducir los casos de abusos.

La Compañía se ha preocupado y ocupado por evitar los abusos

—¿Actualmente la Iglesia católica está cambiando su manera de ver los abusos sexuales de sacerdotes a niños y adolescentes?

Está cambiando su modo de afrontar estos hechos. Durante mucho tiempo algunas personas dentro de la Iglesia han ocultado estos hechos terribles, estos delitos. Creo que esa actitud se ha debido, fundamentalmente, por miedo. A veces ha primado más la imagen institucional, que la atención a la víctima; o mantener un determinado prestigio y status, que el enfrentar y asumir la verdad.

El Papa Benedicto XVI expresó “consternación, desazón y traición a los fieles”, y el Papa Francisco ha denunciado con palabras muy duras esta realidad, nos ha recordado en no pocas ocasiones la necesidad de prestar atención a la relación desordenada con el poder, al conformismo ante la injusticia y a la preocupación excesiva por la propia imagen.

Todo esto, a mi modo de ver, está en la base de un 'mirar para otro lado', de ese 'ocultamiento' tan terrible. Esto ha provocado un daño grande a las víctimas, a quienes no se ha escuchado, y a veces incluso se ha desplazado el problema a otra comunidad parroquial. Por ejemplo, en la película Spotlight, aparecen reflejados muy bien esos destinos continuos de curas pederastas de una parroquia a otra, trasladando el problema de un lugar a otro.

Por otra parte, me parece que, aunque se han dado denuncias de los fieles, también ha habido un silencio reverencial hacia la figura del cura y algunos llegan a pensar: 'cómo lo voy a denunciar'. Pero el sacerdote es una persona como cualquiera de nosotros, y en su humanidad a veces se puede dar enfermedad, y como en todos, hay grietas, fragilidades, errores. Por tanto, hay que romper con ese silencio reverencial. El sacerdote es uno más, que puede cometer errores, y cuando el error es un delito hay que denunciarlo.

—¿La llegada del Papa Francisco ha contribuido a no mirar a otro lado?

Sin duda el Papa Francisco está haciendo mucho, pero es justo recordar y reconocer todos los pasos previos que dio Benedicto XVI. El alemán, a pesar de su corto pontificado, publicó numerosos documentos relacionados con la formación de los futuros sacerdotes, incluso uno en el que se habla directa y únicamente del uso de la psicología en la formación. Además, tomó decisiones contundentes, como la aplicada sobre el fundador de los Legionarios de Cristo, y reconoció y pidió perdón públicamente por el daño que algunos sacerdotes habían provocado. Benedicto XVI fue contundente y abrió el camino al Papa Francisco.

—¿Hay modo de reparar el daño causado a las víctimas de abuso?

Para que una víctima dé el paso de denunciar y de hacer explícito que ha sido abusada sexualmente tiene que darse un proceso, en la mayoría de los casos muy doloroso. Cuando es capaz de poner palabras, de denunciarlo, se da una liberación y cierta 'desculpabilización'. Si después de este duro proceso lo que recibe es 'encubrimiento', 'silencio', se produce un daño enorme en la víctima.

Una primera medida para reparar el daño es 'acompañar, escuchar y acoger' a las víctimas; segunda, 'pedir perdón'; y por último, 'actuar' en una línea de 'tolerancia cero' al sacerdote, religioso o religiosa que ha abusado, a quien se debe poner a disposición de la justicia civil, retirarle del servicio y poner a su disposición todas las ayudas posibles; del mismo modo a aquél que haya encubierto deliberadamente actos tan atroces.

—Volviendo a su libro, ¿su publicación por parte de Buena Prensa, la editorial jesuita, es señal de que la Compañía de Jesús está preocupada y ocupada por evitar que se comentan abusos?

La Compañía de Jesús se ha preocupado y ocupado mucho por evitar este tipo de abusos. Sin ir más lejos, el presidente de la Comisión para la Protección de Menores de la Universidad Gregoriana en Roma es un jesuita, el padre Hans Zollner. Además, la Compañía cuenta con centros educativos especiales para futuros formadores, que ofrecen una educación integral y profunda, por ejemplo, la Escuela de Formadores, de Salamanca, España; y el Instituto de Psicología de la Universidad Gregoriana.

Creo que los jesuitas, en el campo de la formación sacerdotal, tienen mucho que aportar a la Iglesia. En el campo editorial, Buena Prensa ha publicado anteriormente otros títulos en esta misma línea, lo que demuestra que su preocupación ha sido y es grande.

—¿Qué comentarios de religiosos y laicos ha recibido su libro?

Lo ven como un servicio a la Iglesia y me felicitan por publicar un libro de estas características. Es necesario escribir sobre estos temas de modo constructivo y, como digo, al servicio de la Iglesia.

Iván Pérez del Río

Aunque en su momento sintió el llamado del apostolado, antes de su ordenación Iván Pérez descubrió de forma serena que su sitio estaba en otro lugar, como laico. Mas no se alejó de su fe, pues en la claridad de sus diversos motivos para salir de la Compañía no perdió de vista su deseo de dar continuidad a su vocación de servir a Jesús en los otros, especialmente en los que más lo necesitan.

Hoy en día Pérez del Río cursa el máster en Alta Dirección, en Madrid; y un Programa de Liderazgo para la Gestión Pública, en la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra, IESE. Estos estudios los ve como un complemento a su formación de psicólogo, profesión que tiene muchas relaciones con el mundo de la empresa y de la alta dirección.

De manera paralela, labora como asesor pedagógico de religión en Editorial SM-PPC, perteneciente a la congregación de los marianistas, que principalmente se dedican a la educación. Su trabajo dentro de este grupo editorial lo desarrolla para 42 diócesis localizadas en todo el norte de España. Sus funciones le permiten tener una visión amplia y global del mercado editorial, al estar en contacto permanente con la red comercial, equipo de marketing y de edición de SM-PPC; y fuera de ésta, con delegados diocesanos de enseñanza, profesores, autores y formadores.

Y si bien ahora se refieren a él como exjesuita (palabra que no le resulta molesta, sino más bien le define), como muchos de ellos, se mantiene ligado a las obras e instituciones de la Compañía de Jesús, como la IBERO y Buena Prensa.

—¿Qué mantiene a los exjesuitas cercanos a la Compañía?

Yo en lo personal me mantengo unido de corazón a la Compañía de Jesús, porque me ha dado mucho y la sigo sintiendo como mi casa. En ella tuve la oportunidad de recibir su formación sólida, larga y profunda; de tener múltiples experiencias globales que alimentan una mirada universal e inclusiva; y de hacer los Ejercicios Espirituales.

Pero hoy quizás si me tuviera que quedar con algo, lo más importante, aquello que me mantiene más unido a nivel afectivo a la Compañía, diría que son las personas, los muy buenos compañeros, hermanos y amigos que hice en la Compañía de Jesús y que todavía tengo.

—Mirando a su pasado, ¿cuándo y por qué quiso ser sacerdote, y formarse para ello en la Compañía de Jesús?

Para mí, los jesuitas siempre fueron un referente de fe y un testimonio de entrega, desde que estudié en el Colegio Fundación Revillagigedo, que tiene la Compañía en mi ciudad natal, Gijón, situada en la región de Asturias. En aquel tiempo me dieron clase algunos padres que habían sido misioneros en Centroamérica, cuyo testimonio evangélico al lado de los olvidados y de los que sufren la injusticia, y su vínculo y cariño a América, me quedaron siempre grabados en el corazón. Por eso Latinoamérica ha estado presente en mí desde hace mucho tiempo.

Después de unos años dedicados a la política activa en mi ciudad, y tras pasar seis meses como voluntario trabajando en una red de colegios y guarderías en una colonia del Cono Sur de Lima, Perú, decidí entrar en la Compañía de Jesús. En aquel momento sentía que Jesús me llamaba a ser jesuita, a entregar mi vida como jesuita en las fronteras.

—¿Dónde hizo sus estudios de teología y psicología?

Me gradué en Psicología en la Universidad Pontificia Comillas, de España, e hice un intercambio académico en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), de Guadalajara, México. Luego cursé estudios de teología y filosofía, que hice entre la Universidad Pontificia de Salamanca y la de Comillas.

Primero hice el bienio en filosofía, luego psicología y al terminar ésta comencé los estudios de teología. En la Compañía de Jesús se acostumbra a cursar, además de los estudios eclesiásticos, una licenciatura civil, que en mi caso fue psicología. Los motivos que me llevaron a elegir psicología fueron su aplicación en la formación y el acompañamiento, y su diálogo con la espiritualidad.

Con deseo de regresar a México

—¿En qué años vivió en México?

Antes de ser jesuita había ido a México en una ocasión de vacaciones, a Puerto Vallarta, Jalisco. Luego la Compañía de Jesús me dio la oportunidad de regresar a México para formarme y trabajar. Esos años de formación como jesuita en México fueron muy especiales, tanto en Guadalajara como en la Ciudad de México. Asimismo, tuve la oportunidad de conocer y tener contacto con comunidades indígenas en Chiapas.

Como alumno y por trabajo, en México viví en total tres años. En el curso 2012-2013 viví en Guadalajara, donde estudié un curso académico de psicología y trabajé como formador en la Ciudad de los Niños (misión de los jesuitas con la infancia y la adolescencia en México); decidí pedir este intercambio académico por la buena fama del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO y por sus buenos investigadores en psicología social y comunitaria. Posteriormente, en la etapa que los jesuitas llaman “de magisterio”, volví a México para trabajar en la Ciudad de México, en el Centro Laboral México I.A.P (Celamex).

Abundando un poco, debo decir que en el ITESO me centré principalmente en asignaturas que tenían que ver con la psicología social y comunitaria, y psicología política. También participé en un programa de aplicación profesional en el Reclusorio Femenil de Puente Grande.

Mi paso por la Ciudad de los Niños lo alterné con el estudio; fue un tiempo de mucho trabajo y de una inmensa recompensa. Ahí colaboré como formador del grupo de los más pequeños, ayudándoles con las tareas, el orden, etcétera. Fue una experiencia de una riqueza muy grande, de esas en las que uno recibe muchísimo más de lo que da. Fue de las primeras veces que sentí muy profundamente el sentido de dar mi vida, mis estudios, mi esfuerzo, por aquellos que más lo necesitan.

En Celamex tuve dos responsabilidades. La primera, como Coordinador del Centro de Atención a Adultos con Discapacidad Intelectual Dependientes (CAADID), que fue un reto enorme, ya que debía liderar un grupo personas, transformar el programa en uno con más futuro y horizonte, ponerme al día en materia legal de discapacidad en México, y estudiar programas y diferentes enfoques para aplicar en el centro.

Mi segunda responsabilidad fue como terapeuta. Me tocó aplicar todos los conocimientos de la carrera y lo que había trabajado en mi tesis de psicología, siempre con la supervisión de otros expertos. En este tiempo realicé muchos psicodiagnósticos a candidatos al sacerdocio y a religiosas, además de terapias y acompañamientos vocacionales. De este tiempo en Celamex destaco especialmente el trabajo en equipo con mis otros compañeros jesuitas, con mi amigo el Padre 'Pepe' Méndez, S. J., y con José Luis Soriano, S. J.

Agradecido con esta tierra, Iván Pérez del Río afirma que México le ayudó a expandir sus horizontes. A nivel intelectual, en el ITESO vio una realidad universitaria activa y comprometida, algo a lo que no estaba acostumbrado en España, tanto en la universidad católica como en la pública.

En lo social, político y económico, descubrió un México complejo y a la vez apasionante, rico, con capacidad de superarse y progresar. En las comunidades indígenas descubrió “focos, estrellas por las cuales nos deberíamos guiar”. Por eso, no duda en afirmar que es mucho lo que México y el resto del mundo tienen que aprender de las comunidades indígenas de nuestro país, del que guarda muchos nombres y muchas personas queridas con las que sigue manteniendo contacto.

"Mi región, el Principado de Asturias, ha sido siempre una región de emigrantes, también receptora y gran acogedora de inmigrantes. De todos esos emigrantes muchos se fueron a México y han hecho vida allá, de ahí que entre mi región y su país haya habido permanentemente una especial vinculación histórica. En muchos lugares de México hay centros asturianos que recuerdan a aquellas generaciones que fueron acogidas generosamente en su país.

"Si alguna vez regresara a México me gustaría seguir aprendiendo de ustedes, de su país, y me gustaría poder devolverles lo que me han regalado. Me parece que esto de aprender unos de otros es muy importante, especialmente en un mundo que es cada vez más global. Además, creo que la labor educativa es el principal motor que transforma las sociedades, a ella estoy especialmente unido por mi trabajo, y quiero seguir estándolo, acá en España o allá en México".

Texto: PEDRO RENDÓN/ICM

Fotos: Cortesía Iván Pérez


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