#ANÁLISIS AMLO, Morena y las lecciones del PRI

Lun, 12 Nov 2018
Académica de la IBERO desmenuza la coordinación que debe existir entre el presidente electo de México y las bancadas de Morena en el Congreso
  • Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México (Tomada de Globalmedia).
Por: 
Dra. Ivonne Acuña Murillo*

Habrá quien opine que en un cambio de régimen hay que tirar a la basura la forma de hacer política de los gobiernos previos. Sin embargo, aquí se sostiene que, si desde el punto de vista simbólico eso sería lo adecuado, no lo es en términos de real politik. En este sentido, tanto el próximo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, como los partidos con los que arriba al poder, PT y Morena, en especial este último, deberán considerar algunas de las lecciones que el PRI deja en el camino.

Dos de esas lecciones son cruciales para lograr la llamada ‘Cuarta Transformación’. A saber, el trabajo coordinado entre la Presidencia de la República y el partido mayoritario, y la disciplina partidaria.

El espectáculo protagonizado por Ricardo Monreal, coordinador de la bancada de Morena en el Senado; Mario Delgado, coordinador de la bancada del mismo partido en la Cámara de Diputados; la presidenta del partido, Yeidckol Polevnsky, y el mismo López Obrador, en torno a la iniciativa presentada para reducir el cobro de comisiones bancarias, hace imprescindible dicha revisión.

Los hechos

El jueves 8 de noviembre, la senadora Bertha Alicia Caraveo Camarena, a nombre de Ricardo Monreal, presentó al pleno del Senado una iniciativa que pretende reducir el “alarmante” y "excesivo" cobro de comisiones bancarias. El anuncio se tradujo en el desplome de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), en un 5.81% y una pérdida de la banca de 85 mil 400 millones de pesos, de acuerdo con información del periódico La Jornada.

Lo anterior obligó al próximo mandatario a aclarar que, aunque es respetuoso de las iniciativas que se presenten en el Poder Legislativo, en los primeros tres años de su gobierno no habrá modificaciones al marco legal del funcionamiento de los bancos y las instituciones financieras, calmando con ello al sector financiero.

En el mismo tono se manifestaron Delgado, quien afirmó que el tema de dichas comisiones no es una prioridad para los legisladores y que la propuesta de Monreal es excesiva, y Polevnsky, quien desmarcó a Morena de tal iniciativa. A pesar de lo anterior, días después, miembros de Morena en la Cámara de Senadores manifestaron su respaldo a la iniciativa presentada por su coordinador de bancada.

Ante los desmarques, Monreal afirmó “que el Senado y el trabajo legislativo son autónomos por lo que no aceptarán regaños”, aunque aclaró que no hubo ningún manotazo por parte del próximo presidente, quien es respetuoso del Poder Legislativo.

Lo anterior lleva a plantear diversas hipótesis:

  • Ricardo Monreal actuó precipitadamente y no comunicó a López Obrador, ni a su propia bancada, su intención de presentar dicha iniciativa, pretendiendo quedar bien con la ciudadanía y con el mismo AMLO.
  • Ricardo Monreal no comunicó a López Obrador su intención de presentar dicha iniciativa, asumiendo la independencia del Poder Legislativo respecto del Ejecutivo, por lo que consideró innecesario comunicar su intención previamente.
  • Ricardo Monreal no comunicó a López Obrador, ni a su propia bancada, su intención de presentar dicha iniciativa, pues piensa operar por su cuenta en función de un interés personal, ligado a su intención de llegar a la Presidencia de la República, una vez que el mismo AMLO le negó la Jefatura de la Ciudad de México.
  • Ricardo Monreal sorprendió a propios y extraños provocando las reacciones antes dichas y dado que no puede deslindarse de la iniciativa presentada, ha decidido sostenerla a pesar del costo político que conlleva.
  • López Obrador y Ricardo Monreal, en coordinación, decidieron que era un buen momento para lanzar dicha iniciativa, haciendo una mala lectura del momento, y dadas la caída de la BMV y la pérdida de los bancos decidieron sostener la iniciativa uno y negarla el otro.
  • López Obrador y Ricardo Monreal, jugando uno al policía bueno y el otro al malo, decidieron lanzar la iniciativa sin contar con el líder de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados y la presidenta del partido, quienes de motu proprio y en consonancia con lo dicho por AMLO, descalificaron lo hecho por Monreal.
  • López Obrador y Ricardo Monreal decidieron ‘medirle el agua a los camotes’ y conocer la reacción del sector financiero a una iniciativa no sólo popular sino necesaria dados los abusos cometidos por los bancos en el cobro de comisiones.
  • López Obrador decidió que Ricardo Monreal cargara con el costo de una decisión a todas luces popular pero delicada dada la reacción del sector financiero.
  • López Obrador dio el primer paso, de varios, para disminuir el cobro de las altas comisiones bancarias y como parte de un proceso que llevará su tiempo, y la iniciativa presentada por Ricardo Monreal servirá de ariete a largo plazo.
  • López Obrador y Ricardo Monreal, o el primero o el segundo, hicieron una mala lectura en torno al timing político, dado que la reciente decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco aún no acaba de asimilarse y fue un error abrir un nuevo frente.

Sea cual fuere la hipótesis correcta, entre las propuestas o alguna más, lo que se mostró a la ciudadanía fue una falta de coordinación entre los integrantes de Morena y el próximo presidente. Estrategia o no, a propósito o no, la lectura es esa.

Esto lleva a recordar que el primero de julio la ciudadanía dotó a AMLO del instrumento a partir del cual él podrá gobernar en favor de las principales demandas sociales, mismas que conformaron su plataforma de campaña. Este instrumento está delineado por la mayoría en el Congreso de la Unión y en un importante número de congresos locales, de manera que, a través de Morena y los partidos afines, sea posible crear y aprobar las iniciativas de ley necesarias para cumplir lo prometido.

La ciudadanía respondió al llamado del mismo López Obrador, quien pidió le fueran otorgadas dichas mayorías. Lo anterior no supone que las y los votantes actuaron en automático siguiendo la voz del líder, sino que, me atrevo a afirmar, en función de la experiencia previa, en dos sentidos.

Primero, con el conocimiento reiterado de la forma en la que los gobiernos del PRI gobernaron por 71 años, haciendo de la diada ‘Presidencia-partido’ su instrumento principal. En este caso, el PRI sirvió no sólo para hacer llegar las demandas del pueblo a la Presidencia y para la asignación de recursos en sentido inverso, sino para controlar a la población a partir de las grandes corporaciones del partido, a saber, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP).

Sirvió también para legislar a favor del proyecto del presidente en turno y es aquí donde la coordinación entre ambos poderes resultó crucial.

En este caso, no se propone convertir a Morena en el nuevo partido hegemónico capaz de controlar a la sociedad y filtrar sus demandas en favor del Ejecutivo, ni al Poder Legislativo en el ‘levanta dedos’ del presidente, sino en resaltar la importancia del trabajo coordinado entre el próximo mandatario y el partido que lo llevó a la Presidencia.

Segundo, la experiencia de dos presidentes panistas que, suponiendo que hubieran tenido la voluntad para cambiar la manera de hacer política, no tuvieron ni supieron conformar las mayorías legislativas que les permitieran hacerlo. De tal suerte, que ellos mismos se excusan bajo la figura de “los gobiernos divididos”, en los que las diferentes fuerzas políticas representadas en las Cámaras de Diputados y Senadores se tradujeron en un obstáculo real a sus planes de gobierno.

Es aquí donde la lectura ciudadana en torno a los apoyos que López Obrador requiere para hacer realidad la ‘Cuarta Transformación’ se vuelve relevante en términos prácticos, de manera que, a sabiendas que el PRI llevó a cabo sus proyectos gracias a sus mayorías parlamentarias, las y los votantes le otorgaron a AMLO esa ventaja.

Lo anterior induce a observar en la misma ciudadanía una visión pragmática y por lo tanto no idealizada de la política y una recuperación de la experiencia previa, de tal suerte que la formula presidencia-partido-mayoría legislativa se convierte en el método necesario, no para repetir patrones, sino para desmontar viejas formas de hacer política. Entenderlo de otra manera, sería un grave error de la próxima administración y sus aliados.

A la fórmula anterior debe sumarse una de las características que hicieron del PRI un partido exitoso en términos de ejercicio del poder, esto es, la disciplina partidaria. Esta última debe entenderse no en términos de sujeción abyecta a Morena o a López Obrador, sino como adhesión a un mismo Proyecto de Nación, más allá de los intereses personales.

En el caso del PRI, tal disciplina se construyó a medida que el partido se convirtió en el camino único para conseguir cargos en la administración pública o lograr puestos de elección popular. La lealtad al partido suponía aceptar, sin protestar, su ideario, plataforma, directrices, mandatos, proyecto, ubicación dentro del mismo, etcétera.

Hoy, dicha lealtad debe imponerse en función del enorme reto que supone atender los principales problemas del país, en especial la corrupción política, la desigualdad social y la violencia, y hacer frente a los grupos de interés y de presión que harán hasta lo imposible para no perder sus privilegios.

En este punto, el trabajo coordinado entre el presidente de la República y sus bancadas legislativas, de diputados y senadores, será crucial para alcanzar la ‘Cuarta Transformación’. Pero para lograrlo, debe operar también la disciplina partidista y ahí el papel de los coordinadores de bancada se vuelve crucial, pues son ellos y no quienes ocupan las curules ganadas por sus partidos, en muchos de los casos legisladores bisoños, quienes tienen la experiencia para proponer iniciativas de ley, en la forma y el momento adecuados y en plena coordinación con el poder ejecutivo y no para lucimiento personal.

Lanzar iniciativas sin análisis del timing, buscando el aplauso fácil de la ciudadanía o del mismo presidente, en caso de que Monreal así lo hubiera calculado, le resta fuerza a López Obrador, pero, sobre todo, la posibilidad de enviar esas mismas iniciativas en algún otro momento.

Aparece aquí otra lección que bien puede aplicarse en el caso de la reducción de las comisiones bancarias y otros asuntos igual de espinosos y que fue dada, en términos de real politik, por un expresidente del llamado partido hegemónico admirado tanto por AMLO como por los miembros de Morena.

El general Lázaro Cárdenas no se aventuró a declarar la expropiación petrolera sin antes asegurar el triunfo a través de una bien planeada estrategia. El tip está dado, vaya a releer los libros de historia quien esté interesado en aplicar algunas de las lecciones que el PRI o sus miembros destacados han dejado en el camino.

No puede terminar este escrito sin mencionar la polémica levantada por la revista Proceso, que en una de sus portadas omitió, por error o por voluntad, el nombre del constitucionalista Diego Valadez, quien en entrevista con esa publicación afirmó, con gran lucidez y conocimiento, que si el presidente electo no cuenta con la plena participación de su gabinete y de los legisladores de su partido en el enorme reto de separar el poder político del económico, está destinado a fracasar”.

*La Dra. Ivonne Acuña Murillo es académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO


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