#ANÁLISIS Tercer debate presidencial: nadie pierde, uno gana

Mié, 13 Jun 2018
A poco más de dos semanas de la jornada de votación, académica de la IBERO afirma que no se ve claro quién puede competir con AMLO
  • De izquierda a derecha: Ricardo Anaya, candidato del PAN-PRD-MC; Andrés Manuel López Obrador, de Morena-PES-PT; Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE; José Antonio Meade, del PRI-PVEM-Panal; y Jaime Rodríguez, candidato independiente (Tomada de @INEMexico).
Por: 
Dra. Ivonne Acuña Murillo*

El martes 12 de junio tuvo lugar el tercer debate presidencial, a sólo 18 días y algunas horas de que la ciudadanía decida quién ha de ser el próximo presidente de México. Ésta fue la última oportunidad para que los cuatro candidatos —Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya Cortés, José Antonio Meade Kuribreña y Jaime Rodríguez Calderón— convencieran a quienes aún no han decido por quién votarán el 1 de julio.

Nuevamente, cuatro estrategias claramente definidas fueron puestas en práctica: AMLO apostó a no perder la ventaja que las encuestas le han dado desde el comienzo de la elección y que al momento del debate le reconocían una intención de voto situada en un rango de 46-52%; la de Anaya, en 25-30%; la de Meade, en 18-22%; y de Rodríguez Calderón, en 2-4%, de acuerdo con Oraculus.mx.

Así, el candidato de la coalición ‘Juntos Haremos Historia’ se cuidó para no caer en las provocaciones de sus adversarios y cometer un error grave que se viera reflejado en su intención de voto; procuró, igualmente, responder sólo aquellos ataques que le parecieron relevantes o para los que tuvo tiempo, además de presentar algunas de sus propuestas más importantes en relación con los temas debatidos.

Anaya buscó mantener su nivel de desempeño, haciendo propuestas, golpeando, aunque en menor medida a López Obrador, defendiéndose de los ataques de Meade, hablando a sus posibles votantes y mostrando seguridad en sus palabras.

Meade se preocupó más por golpear al puntero que de sus propuestas, aunque en algún momento se tomó el tiempo para puntualizar aquello que haría en algún tema relevante. Mostró, nuevamente, su perfil de funcionario que ha estado al frente de diversas carteras, lo cual le permitió ser más preciso en sus planteamientos, sin embargo, a veces se entretenía en el diagnóstico y la numeralia, tal vez en un afán por mostrar su conocimiento en torno a los diversos temas.

Rodríguez Calderón fue, otra vez, el elemento disruptor: se metió al debate, aunque los otros tres contendientes no perdieron tiempo en increparlo o en debatir con él ninguna de sus propuestas, en clara respuesta a que él ocupa el último lugar en las encuestas y asumiendo que sería perder un tiempo que bien podrían dedicar a atacar a quien está en mejor posición.

Como en todo debate, los candidatos respondieron lo que quisieron, aunque la moderadora Gabriela Warkentin y los moderadores Carlos Puig y Leonardo Curzio se encargaron no sólo de hacer las preguntas que la gente pidió en redes sociales, sino de conminar a los debatientes a responder lo que se preguntaba. En este caso, la y los moderadores hicieron un papel destacado; sin excederse en su función, lograron plantear preguntas relevantes, relacionadas con la propia plataforma electoral de cada candidato y mantuvieron el orden entre los aspirantes, aunque en algún momento ellos se enfrascaron en respuestas o ataques fuera del turno al habla.

Los temas tratados fueron relevantes toda vez que se relacionan con el bienestar personal, servicios prioritarios y políticas públicas concretas. En general, cada uno de los candidatos especificó, en lo posible, algún plan de gobierno que de manera directa y eficaz pudiera impactar positivamente en los temas de este tercer encuentro: ‘Crecimiento económico, pobreza y desigualdad’; ‘Educación, ciencia y tecnología’ y ‘Salud, desarrollo sustentable y cambio climático’.

En los diversos rubros se hicieron propuestas concretas en las que coincidieron los cuatro candidatos, entre ellas destacan: la generación de energías limpias y más baratas; ampliar la cobertura del sector salud; aumentar la inversión en ciencia y tecnología; atacar la pobreza y la desigualdad.

Las menores coincidencias se dieron en torno a la reforma educativa, pues López Obrador prometió echarla atrás una vez llegue a la Presidencia; mientras que Anaya, Meade y Rodríguez se comprometieron a mejorarla. Y en torno al uso de energía nuclear, Obrador y Anaya emitieron un rotundo no; Jaime Rodríguez dudó; y Meade dio un sí.

Entre las mejores propuestas destacan: procurar el acercamiento de los extremos y propiciar el crecimiento de la clase media; reforestar el sur-sureste para detener la erosión de la tierra y con ella el aumento en el número de desastres naturales, los cuales afectan siempre a las comunidades más pobres (AMLO); investigar al presidente Peña y miembros de su equipo en caso de encontrar casos patentes de corrupción (Anaya); la repatriación de los cerebros que han salido del país por falta de mejores condiciones salariales y de desarrollo, y algún día ¿la colonización de Marte? (Meade); disminuir el asistencialismo y sustituirlo con un esquema que atienda a la población más vulnerable en lugar de subsidiar a todos y todas por igual (Jaime Rodríguez).

Un anuncio importante: AMLO informó que de llegar a la presidencia nombrará a María Elena Álvarez-Buylla Roce como directora del Conacyt, quien en 2017 recibió el Premio Nacional de Ciencias.

Las descalificaciones y acusaciones directas, como era de suponerse, no se hicieron esperar. Tanto Anaya como Meade, a pocos días de las elecciones, siguen ocupados en atacar a López Obrador para impedir su arribo a la Presidencia. Meade, desde su primera intervención, sacrificó tiempo de sus propuestas con tal de pegarle al puntero, comprendida la película que según él sólo López Obrador verá cuando pierda, en un último afán por derrumbar a Anaya y ocupar el segundo lugar en las encuestas. El candidato del ‘Frente’, por su parte, y en comparación con los dos debates anteriores, dedicó más tiempo a proponer que a golpear, aunque no perdió la oportunidad de hacerlo.

La regresión se produjo cuando el candidato apodado ‘el Bronco’, además de afirmar que enviará una iniciativa para ‘mochar manos’, dijo que de llegar a la Presidencia gestionará la reducción de la jornada laboral femenina para darle tiempo a las mujeres de atender su casa. Con esta propuesta, Rodríguez sigue asumiendo que las mujeres son las únicas responsables del trabajo doméstico y de la reproducción biológica de la especie humana, en lugar de proponer estrategias para que tales responsabilidades sean compartidas entre los hombres, las mujeres, el Estado y la sociedad.

Lo evidente: Meade sigue compitiendo por ganar el segundo lugar y acercarse al puntero, mientras que Anaya busca mantenerse y alcanzar al puntero. Ambos pretendieron generar la impresión de acuerdo con la cual todavía tienen tiempo para ganar la elección del 1 de julio. Por su parte, AMLO se mostró relajado, en particular cuando los candidatos de segundo y tercer lugar se enfrentaron buscando arrojar la mayor cantidad de lodo sobre el otro, asumiendo que con ello lograrán remontar puntos en la intención de voto.

Cinco factores destacan una vez que ha pasado el tercer debate:

Uno: la perseverancia de Anaya para presentarse como ‘el verdadero candidato antisistema’, capaz de amenazar directamente con meter a Peña Nieto a la cárcel y de paso a Meade, y afirmar la existencia de un pacto entre López Obrador y el actual  presidente para permitir la alternancia. Asimismo, su inclinación a copiar las propuestas del puntero, sobre todo en materia social.

Dos: la construcción narrativa de Meade, en cuanto a que aún es posible ganar la elección a sólo 18 días y siendo el tercero en intención de voto. Se apoya en la supuesta falibilidad de las encuestas, como se ha querido mostrar en los casos de la más reciente elección en Estados Unidos, la votación en Colombia y el acuerdo de paz con las FARC o el Brexit en Inglaterra, y al afirmar que la única encuesta válida es la del día de las elecciones.

La histórica experiencia del PRI en torno a la coacción y compra del voto, la larga lista de mapacherías electorales, las dudosas estrategias para ganar la elección en el Estado de México y Coahuila, así como la evidencia de que su maquinaría electoral está a todo lo que da en esta elección, llevan a pensar que dicha narrativa supone la preparación previa a un gran fraude electoral, que se logre o no es cosa aparte, pero la intención se transparenta.

Tres: el hecho de que el PRI sea tomado por los candidatos como la mancha que hay que arrojar sobre el otro para desacreditarlo y sostener lo infamante de una alianza con este partido, así sea el PRIAN de López Obrador o el PRIMOR aludido por Anaya.

Cuatro: que a escasos 18 días de la elección presidencial todavía Anaya y Meade se sigan disputando el segundo lugar; lo cual deja el camino abierto para que López Obrador gane la elección presidencial más importante de fines del siglo XX y principios del XXI.

Cinco: de ratificarse el triunfo de López Obrador el 1 de julio, su éxito responderá a tres factores principalmente. Uno, que la suya es la mejor campaña electoral pues supo encausarla de manera positiva, más a la presentación de propuestas que al ataque de sus adversarios; que entendió mejor que ninguno que no es el ‘miedo’ el sentimiento que mueve esta elección sino el ‘enojo’ y que sólo la ‘confianza’ puede dar paso a algo nuevo.

Dos, el distanciamiento de sus adversarios tradicionales, PRI y PAN, y la lucha encarnizada entre ambos partidos y candidatos, lo que en cierta forma le hizo el trabajo sucio. Tres, que ni Meade ni Anaya lograron levantar sus campañas ni identificarse con algún tema en particular que permitiera a la ciudadanía identificarlos claramente; además, al primero le faltó carisma y le pesaron la marca PRI y la marca Peña, y al segundo le faltó una propuesta más clara y concreta y le hundieron los ataques venidos de parte del PAN, primero, y del PRI, después.

El PRI no parece haber tenido una mejor oportunidad de haber nombrado un candidato diferente, que fuera capaz de mover emociones, por el impedimento que supone el partido como tal y el mal ejercicio de quien se empeñaron fuera el presidente de la nación en 2012.

Por otra parte, las posibilidades de Anaya se vieron lastradas por la guerra interna que desató en el PAN cuando le arrebató a Margarita Zavala, de manera no muy pulcra, una candidatura que parecía ya asegurada, y cuando se enfrentó al presidente Peña, sin red ni pacto de por medio.

Conclusión

Este tercer debate y el posterior posdebate fueron la última oportunidad para que los candidatos del segundo y tercer lugar se posicionaran como quien realmente puede competir de tú a tú con AMLO y arrebatarle el triunfo que parece inevitable, convocando al voto antilopezobradorista.

Sin embargo, sigue sin quedar claro quién, Anaya o Meade, ocupa el segundo lugar, por lo que el llamado al voto útil podría sumarse a la lista de estrategias fallidas en el camino a la silla presidencial. Por su parte, ‘el Bronco’ se verá recompensado si logra mantener su 3 o 4% de intención de voto.

Un elemento que no puede dejarse de lado es que este jueves comienza la Copa del Mundo de Futbol y la atención que hasta ahora disfrutaron los candidatos se verá importantemente disminuida, por lo que casi se puede afirmar que las campañas han concluido y que al puntero no le queda más que seguir “nadando de muertito”, pues su jet va a velocidad constante y en línea recta.

Estos son los argumentos que permiten sostener que en este tercer debate ninguno de los candidatos sufrió una notoria derrota; sin embargo, dado que la elección está a sólo unos días ya no parece haber tiempo para cambiar lo que parece definitivo, por lo que “nadie pierde, uno gana”.

Revisa el sitio especial de la IBERO sobre las Elecciones 2018

*La Dra. Ivonne Acuña Murillo es académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO


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