Procesos educativos tienen la tarea de generar un espíritu creativo: Dr. Ángel Méndez

Mar, 13 Mar 2018
El modelo educativo debe “balancear la inteligencia digital con la vida cultural, con el fomento de la creatividad, y teniendo como objetivo principal el desarrollo humano y la solidaridad planetaria”
Para lograr una democratización de la educación no sólo tenemos que usar la computadora, sino debe de utilizarse con el fin de generar intercambios entre personas
  • Dr. Ángel Francisco Méndez Montoya durante su presentación en la Conferencia Global sobre la Cooperación de América “Las universidades Jesuitas: hacia la transformación del Mundo”
  • Dr. Ángel Francisco Méndez Montoya, Dra. Monique Castillo y el Vicerrector acádemico, Dr. Alejandro Guevara Sanginés (De izquierda a derecha)

El Dr. Ángel Francisco Méndez Montoya, académico y coordinador de la Maestría en Teología y Mundo Contemporáneo, explicó que los procesos educativos tienen la tarea de generar un espíritu creativo, sobre todo con el cometido existencial de construir sociedades basadas en la justicia, la libertad, la equidad y la búsqueda del bien común. Esto requiere complementar mutuamente intelecto y creatividad, sin olvidar integrar a los sentimientos, las emociones, el sentido estético y la búsqueda de significados emancipatorios y colectivos.

Asimismo, replicó la presentación de la Dra. Monique Castillo, en torno a la urgencia de construir modelos educativos que transformen la vida social del complejo entorno social y planetario, y propuso tres posibles rutas críticas:

  1. La economía de innovación en un mundo digital y globalizado
  2. El estrecho vínculo con la cultura y la sociedad
  3. El perspicaz ejercicio de la creatividad

En el marco del 75 aniversario de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México se realizó la conferencia internacional 'Universidades jesuitas: hacia la transformación del mundo', en la que Méndez participó con la ponencia 'Globalización: origen de nuevas necesidades culturales'.

“Considero que estas coordenadas son dinámicas más que meros ejes estáticos, ya que las tres se encuentran en movimiento constante y se entrelazan y transforman mutuamente. La integración en procesos educativos de estas tres dinámicas debe permanecer siempre bajo una observación crítica, tanto al interior de la gestación de nuestros propios modelos y procesos educativos, como al exterior, buscando críticamente propuestas educativas que realmente incidan en el tejido social e impacten la vida del espacio público”, explicó Ángel.

La economía de innovación en un mundo digital y globalizado

Méndez Montoya aseguró “que el mundo digital y globalizado no es estático, sino es dinámico, porque las nuevas tecnologías y espacios de redes globales que exigen adaptaciones constantes y crean transformaciones al interior mismo de la tecnología, a la vez que incitan cuestionamientos sobre los beneficios o posibles desventajas que éstas podrían ocasionar”.

Sin embargo, cuando los avances tecnológicos no están a los alcances de los países, el modelo educativo no se concentra en la globalización tecnológica, y, por lo tanto, no es sustentable, pues tienen que atender a realidades mucho más inmediatas que puedan ayudar a resolver casos de extrema pobreza, desnutrición crónica, desempleo, migración, explotación y violencia.

“Un problema con modelos globalizantes en torno a los usos de la tecnología avanzada, consiste en una tendencia a homogeneizar la educación, lo cual resulta en una total descontextualización que no toma en cuenta las urgencias de los problemas inmediatos de grupos sociales, sobre todo de aquellos en situaciones precarias”, argumentó.

No obstante, el modelo educativo debe “balancear la inteligencia digital con la vida cultural, con el fomento de la creatividad, y teniendo como objetivo principal el desarrollo humano y la solidaridad planetaria”.

El estrecho vínculo con la cultura y la sociedad

Para el Dr. Ángel Méndez las culturas y sociedades en la modernidad representan coordenadas dinámicas y no estáticas. “El impacto de la economía, la política, las artes, la informática y la tecnología, tiene como efecto la producción de un flujo constante en sistemas culturales y en grupos sociales, engendrando sociedades y culturas cada vez más complejas e interconectadas”.

Méndez Montoya no está de acuerdo con la gestión de modelos educativos de la Dra. Monique Castillo, porque “sugiere apostarle a una visión cosmopolita, heterogénea y colectiva de la globalización, en donde se comparta “un destino colectivo para la especie humana”. Esta visión común de globalización supone la solidaridad y la justicia universal, vislumbrando lo que Castillo designa como una ‘sociedad universal’”.

Consideró que modelos universales de globalización con frecuencia no responden a las realidades y necesidades de un mundo plural y fragmentado, e incluso muchas veces corren el peligro de invisibilizar a personas y grupos sociales.

También afirmó que "la propuesta de un humanismo universalista y globalizantes, lejos de hacer realidad un ‘sueño pacifista’ en miras de una 'democracia cultural y educativa’, ha creado serias desigualdades económicas, victimizando a grupos sociales, produciendo invasiones y guerras, desplazamientos y exclusiones, y profundos deterioros ecológicos, y solo terminan favoreciendo sólo a una elite, quienes deciden las categorías, criterios y definiciones de lo que se considera ‘universal'".

“Aunque para lograr una democratización de la educación no sólo tenemos que usar la computadora, hacer uso de nuevas tecnologías, integrar la información digital e involucrarnos en diversas redes de comunicación, sino debe de utilizarse con el fin de generar intercambios entre personas, propiciando espacios para impactar positivamente a la cultura pública, así como ejercitando una ética pública. Precisamente porque estamos en búsqueda de modelos educativos innovadores que estén involucrados en el tejido social y en la transformación de la esfera pública, y que a la vez promuevan transformaciones concretas para las sociedades”, añadió.

El perspicaz ejercicio de la creatividad

Méndez Montoya externó que “la creatividad implica riesgo para imaginar y para atrevernos a construir otro mundo posible, creando un espacio para relaciones y estructuras justas, equitativas y dignificantes. La creatividad nos conduce hacia trayectorias dinámicas, llenas de asombro y de perplejidad, nos invita a construir un espacio de gozo personal e interpersonal. Por esto mismo, el perspicaz ejercicio de la creatividad que aquí se busca, también debe abrir espacios para la disidencia y para la resistencia contra modelos educativos hegemónicos y colonizantes. La creatividad también es política”.

Puntualizó que “la educación que ejercite la innovación creativa habrá de despertar una creatividad profética que denuncie modelos educativos que reiteran la injustica, la corrupción, la violencia, la exclusión y la inequidad. Y para despertar una creatividad igualmente profética, la educación también debe asumir el reto de incitar la esperanza de una vida más digna y vivible para todas las personas que habitan un mismo planeta, un mismo planeta que, aunque se vislumbre como 'una casa común', no obstante, expresa una formidablemente compleja diversidad de identidades, cuerpos y deseos”.

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