Vinculación hace de la universidad un actor social para el cambio

Mié, 30 Ago 2017
Afirmó Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México en la videoconferencia ‘La universidad como agente de transformación social’
Ponencia transmitida en línea a instituciones de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina
  • Mtro. David Fernández Dávalos, Rector de la IBERO.

‘La universidad como agente de transformación social’ 

Tercera y última parte

La vinculación hace de la universidad un actor social para el cambio, pues con la vinculación se pueden experimentar modelos novedosos de producción de conocimientos e  intercambio de los mismos, modelos novedosos de organización social y modelos novedosos de relación entre colectivos sociales, que validen el conocimiento que se va generando y reflexionando en la universidad, afirmó el Maestro David Fernández Dávalos, S. J., Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Así lo explicó el Rector en ‘La universidad como agente de transformación social’, conferencia transmitida en línea a 16 instituciones de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), dentro del ‘Diplomado latinoamericano on line en responsabilidad social universitaria’ que imparte AUSJAL con el apoyo de la Dirección de Educación Continua y la Dirección de Educación a Distancia de la IBERO.

El Padre Fernández Dávalos abundó que la vinculación es la presencia de la universidad fuera de su recinto, para incidir con su conocimiento en acciones transformadoras; por lo que ayuda a la universidad a cumplir su obligación histórica de pertinencia social y su misión de incidir directamente sobre la estructura social en relación con otros agentes sociales transformadores.

“La pretensión de esta función (vinculación) es poner a la universidad afuera de sí misma, pero me parece también tendría que traer la realidad externa a la universidad dentro de nuestros muros. De suerte que la realidad sea materia de reflexión, de presencia, de investigación, dentro del conjunto universitario. Exige que la universidad se inserte en la realidad y que se articule con fuerzas que empujan en la dirección del cambio social que deseamos; y entonces que tengamos alianzas con organizaciones sociales, colectivos de derechos humanos o de ecología, etcétera”. 

Además la vinculación genera mecanismos experienciales por los que la realidad de los pobres y excluidos se hace presente en el quehacer universitario; quienes generalmente no tienen posibilidad de estar dentro de nuestra universidad, pero que se hacen presentes en el campus a través de diversos mecanismos, como ferias de artesanías, cursos populares o seminarios de discusión respecto de sus problemáticas, mismos que cuentan con su participación.

Pertinencia social, verdadero estándar de calidad de una universidad

Respecto a la calidad de las universidades, el Rector Fernández Dávalos dijo que calidad es pertinencia social; y ésta última, para que suceda, requiere que se cumplan ciertas condiciones, “porque la calidad como pertinencia social supone que la institución funciona adecuadamente, con estándares elevados, rigurosos, altos, exigentes; algunos dirán de calidad mundial”.

Aseveró que los indicadores tradicionales de calidad académica son condición de posibilidad para que se verifique la pertinencia social. Y enunció que algunos de esos indicadores son: que los profesores no falten a sus clases y lleguen a tiempo; tengan títulos reconocidos en universidades de prestigio; que la docencia se alimente de la investigación y las necesidades de la docencia alimenten la investigación; y que hayan experiencias de campo significativas en las profesiones, para que haya una vinculación con los problemas reales.

En cuanto a las universidades, que éstas tengan instalaciones y laboratorios de calidad; cuenten con procesos de internacionalización suficientes; tengan programas académicos acreditados; que haya una elevada relación de académicos de tiempo por alumno; y una eficiencia terminal alta.

Y sobre la repolitización de la universidad y de sus funciones, mencionó que ha de ser conducida por las necesidades objetivas de los empobrecidos y excluidos, por tres argumentos.

1. Teórico. Porque los que tienen menos que perder tienen mayor posibilidad de acceso a la verdad, a las verdades. “Los epistemólogos dicen, conoce más aquel que tiene menos que perder, porque el que tiene algo que perder siempre su visión estará mediada por esos intereses que tiene que defender”.

2. Ético. Por una obligación moral básica.

3. Teológico. Son lugar privilegiado de la salvación, desde la revelación del Señor Jesús. “El Señor Jesús es en los pobres, en los enfermos, en los que son tenidos por pecadores y excluidos de la comunidad bien pensante y acomodada, quienes revelan al Dios de Jesucristo. Y junto con ellos es que podemos acoger o construir el reinado de Dios, la salvación”.

Lo anterior tendría algunas implicaciones para las universidades confiadas a la Compañía de Jesús -como la IBERO-, que de lo más externo a lo más central serían las siguientes:

Habría que tener un estilo austero, sin derroches; maximizar la eficacia en el uso de los recursos, es decir, no desperdiciar papel, agua, luz, ni recursos humanos, porque esa es la dinámica de los pobres; tener cercanía con los sectores populares, los movimientos sociales, las víctimas de la violencia o de violaciones a sus derechos humanos.

Seleccionar al personal docente por afinidad y no sólo por sus credenciales académicas, porque luego se tienen personas muy ilustradas, pero contrarias a la misión de la universidad; hacer el trabajo propio con pasión y entrega, pues la mejor universidad es aquella que logra que sus miembros puedan articular su proyecto de vida o hacer coincidir su proyecto de vida con el proyecto institucional.

Enfocar la docencia a preparar profesionales conscientes y que sean agentes de transformación; hacer investigaciones orientadas a la realidad y que ayuden a las personas a tener una vida digna; destinar recursos económicos para entrar en contacto con las realidades populares, para poder estar en las zonas más remotas del país aportando tecnologías o know how a los grupos más depauperados; establecer canales para que los pobres y excluidos se hagan presentes en la universidad y viceversa; y poner signos del compromiso real de la universidad con las mayorías populares, por ejemplo, a través de pronunciamientos, actividades y programas de becas realmente útiles para estos sectores.

“Concluyo. Hablé de que hay que hacer una politización adecuada de la universidad, por un lado; y por otro lado, estamos claros que la universidad tiene que ser excelente académicamente. Lo que estoy diciendo con esta participación es que las dos cosas no se excluyen, sino que pueden potenciarse y complementarse mutuamente”.

“Si agarramos el concepto de pertinencia social del saber universitario podemos hacer compatible la excelencia académica, o la calidad académica y el compromiso social de la universidad; porque en la medida en que sea mayor el compromiso puede ser de mayor calidad la universidad; y al revés, en la medida que sea de mayor calidad la universidad puede ser mayor su compromiso social”.

“Este concepto de pertinencia social puede hacer que nuestras universidades generen los egresados comprometidos socialmente, y tengamos una mejor universidad, y una mejor política en nuestros países, y una mayor visibilidad como actores sociales desde nuestras universidades”.

Notas relacionadas:

Primera parte: Universidades deben cambiar la realidad para hacerla más justa e igualitaria

Segunda parte: Docencia universitaria debe transmitir saberes que atiendan necesidades sociales

Texto y foto. PEDRO RENDÓN/ICM

 


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