Padre jesuita alerta sobre caer en la trampa de la 'comercialización del conocimiento'

Jue, 15 Mar 2018
Salim Daccache, S. J., señala que las universidades de la Compañía de Jesús no deben ser rehenes de los mercados y de las empresas
  • Salim Daccache, S. J., rector de la Universidad Saint-Joseph de Beirut, Líbano (Cristoper Enríquez/IBERO).

Uno de los desafíos que enfrentan o enfrentarán las universidades jesuitas consiste en situarse en un contexto de globalización de la enseñanza superior, es decir, la excelencia de la enseñanza y la formación profesional no deben caer en la trampa de la comercialización del conocimiento, afirmó Salim Daccache, S. J., rector de la Universidad Saint-Joseph de Beirut, Líbano.

Daccache enfatizó durante la conferencia internacional ‘Universidades jesuitas: hacia la transformación del mundo’ que las instituciones de la Compañía de Jesús no deben “ser rehenes de una demanda exclusiva de los mercados y las empresas, sino de asegurar siempre una gama de conocimiento transversal de formación humana, así como del buen juicio y el pensamiento crítico”.

Comentó que se deben desarrollar la dimensión internacional en materia de enseñanza y de investigación, por lo que se debe favorecer las políticas de inversión e innovación pedagógica que privilegian la investigación fundamental y libre, así como el establecimiento de fondos destinados a ayudar a los estudiantes menos favorecidos que no pueden satisfacer sus necesidades.

Respecto a la gestión del pluralismo de opinión, dijo, es necesario que en las universidades se conduzca a las diferentes corrientes de pensamiento y religiosas a una “dinámica de verdadera reconciliación”. Afirmó que se deben articular tanto la libertad de la institución, sus valores y la espiritualidad con la libertad que deben tener los miembros de la comunidad universitaria, específicamente, la libertad académica en materia de investigación y enseñanza.

Otro de los desafíos consiste en transformarse, como universidad de iniciativa privada, en una misión de servicio a la sociedad, es decir, promover la justicia a través de la fe, para responder, sobre todo, a las necesidades de las clases más pobres, para ser una palanca de avance social, sin negar a las clases más privilegiadas.

Finalmente, las universidades jesuitas están llamadas a ser lugar de debates fundamentales en torno a la ética, a orientaciones económicas y políticas, al sentido mismo de la existencia humana; esto quiere decir que se debe buscar lo mejor y el bien universal.

El Padre Salim Daccache argumentó que la enseñanza superior jesuita deberá continuar reflexionando sobre el papel del docente, como acompañante del estudiante en la era de la revolución informática, a fin de ayudarlo a discernir qué es lo mejor, lo más importante y necesario entre toda la información; sin olvidar que los aspectos específicos de su educación es formar en la reflexión y el juicio.

Sentenció que los programas académicos deben otorgar todas las herramientas para lograr que los estudiantes accedan al mundo laboral, es decir, que los planes tengan racionalidad instrumental, pero sin olvidar que deben ser “alimentados por una reflexión y una educación de  valores humanos, morales, sociales, intelectuales, ciudadanos y espirituales. Es ahí donde la tradición pedagógica jesuita puede intervenir para equilibrar la razón instrumental y la razón axiológica”.

Es necesario, entonces, tener un enfoque crítico ante lo establecido (como lo religioso), o el entorno, (la tecnología), pues este acto de pensamiento son importantes y necesarios para conocer lo local y lo global, así como para “conocerse y poder crear relaciones”.

Construcción de una red jesuita para el futuro

Entre los mecanismos para construir una red jesuita del futuro, el rector de la Universidad Saint-Joseph de Beirut dijo que se debe promover una reflexión que busca actualizar la fuerza racional por sí misma de las funciones prácticas.

“A través de casos concretos y de proyectos sociales prácticos, el estudiante, y el docente, de una universidad jesuita puede aprender a experimentar su fe cristiana en la práctica aprendiendo a ser benévolo, a participar voluntariamente con el prójimo y a ver la imagen de Cristo en la multitud de figuras humanas que sufren”.

La red jesuita del futuro, explicó, debe existir, no para obtener poder, sino para compartir mejor, ayudarse mutuamente, reflexionar y discernir sobre una revalorización de la tradición pedagógica jesuita, de sus métodos y valores a nivel universitario, “para poner nuestros recursos humanos de enseñanza e investigación en una dinámica de colaboración y producción del saber”.

Salim Daccache propuso temas de investigación común entre universidades jesuitas para consolidar la red:

  • La cuestión de la gestión del pluralismo religioso, político y cultural.
  • Las cuestiones relativas a la ecología y el medio ambiente.
  • Las cuestiones de ética y bioética.
  • La relación de exclusión e inclusión entre la ciencia y la fe.
  • La internacionalización y comercialización de la enseñanza superior.
  • La relación entre política y religión.
  • La cuestión de la violencia en nombre de la religión.
  • La gestión humana, ciudadana y la seguridad de las ciudades.
  • El papel y lugar de las redes sociales en la vida cotidiana de los individuos y las comunidades.
  • La cuestión de las libertades.
  • La cuestión de las identidades y civilizaciones.
  • La actualización del apostolado intelectual de la universidad jesuita.

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