Basura digital, un mal en aumento en la era del COVID-19

Lun, 21 Dic 2020
El confinamiento ha generado un incremento en el uso de equipos electrónicos; así como la utilización de aplicaciones necesarias para el 'home office' o las clases a distancia
  • Aunque no es un producto, Internet también es un gran generador de contaminantes (Pixabay).

¿Sabías que subir una foto a Instagram, almacenar archivos en la nube o tener tu bandeja de entrada del email llena genera una huella ecológica que demanda el 7% de la energía mundial?

La lucha contra el cambio climático se ha convertido en una exigencia para todo mundo y las tecnologías no están fuera de este compromiso pues han demostrado ser una fuente de contaminación al medio ambiente que es definida como basura digital o cibernética.

Numerosos estudios dan cuenta de que el Internet, una herramienta que utilizamos a diario, no es algo material, pero no por ello se libra de contaminar.

Por ejemplo, el Centro de Eficiencia Energética de Telecomunicaciones (CEET) de Australia, afirmó que por medio de internet se emiten 830 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, incluso adelantaba que esta cifra podría duplicarse en 2020.

Si a eso le sumamos que el informe Big Data 2015 de la OBS Business School, afirmó que para este mismo 2020, más de 30 mil millones de dispositivos estarán conectados a Internet y cerca de 4.100 millones de usuarios, el escenario se torna más amenazador por el aumento en la demanda en energía eléctrica y de CO2.

Según los datos de la compañía analítica Cumulus Media, publicados en Visual Capitalist, cada minuto se envían en el mundo 38 millones de mensajes de WhatsApp, se visualizan 266.000 horas de Netflix, 4.3 millones de videos en YouTube y se realizan 3.7 millones de búsquedas en Google. Esto se traduce en que si Internet fuera un país, sería el sexto más contaminante del mundo.

Junto con la pandemia llegó un nuevo fenómeno cibernético: el uso de las videoconferencias, que aunque ya eran implementadas por algunas compañías y organizaciones, su crecimiento ha llegado a números colosales, pues hay cálculos que han registrado a más de 300 millones de usuarios atendiendo a una o más videoconferencias al día, cuando a finales del pasado año apenas llegaba a los 10 millones. 

Por otro lado, existe también la contaminación tecnológica, que si bien está vinculada de alguna manera a la digital o cibernética, no deja de ser igual de alarmante y tener sus propios impactos en el medio ambiente.

Para el Dr. José Emilio Quiroz, académico titular en la IBERO, la basura tecnológica se relaciona con los equipos que ya no se utilizan, independientemente de si sirven o no sirven, llámese una computadora, una tableta, un teléfono celular o incluso una televisión.

“Tenemos que empezar por la necesidad de comunicarnos”, dice, e Internet no puede existir sin un sistema de telecomunicaciones, muchos de los cuales son digitales y menos contaminantes, afortunadamente; sin embargo, debemos hablar de que existe una gran fuente de contaminación en los sistemas de comunicación.

“No tenemos más que salir a las calles de la Ciudad de México y voltear hacia los postes y ver la contaminación visual muy grave porque las compañías ‘cableadoras’ no han tenido la más mínima delicadeza de hacer algo, o cuando sí, sólo lo han hecho en algunas zonas muy selectivas”.

El especialista en cómputo, sistemas de visión e inteligencia artificial sostiene que “cuando estoy usando un aparato electrónico está conduciendo electricidad y al mismo tiempo va sufriendo un cierto tipo de deterioro, ese desgaste está generando contaminación, aunque sea mínimo, pero si empezamos a sumar cada aparato que hay en mi casa, en mi edificio, en mi colonia, el impacto crece de manera considerable”.

Quiroz afirman que hay una cierta regulación sobre la basura tecnológica por parte de algunas instancias gubernamentales, pero nos hemos apegado más a las reglas que se generan desde los EU o de países como China, Japón, Corea, pero la nación que ha marcado las normas ha sido la Unión Americana.

Hemos cambiado un contaminante por otro, comenta, refiriéndose al contexto de la pandemia. “Dejé de transportarme, dejé de consumir gasolina, y lo cambié por este otro tipo de contaminantes que ahora estoy usando al interior de mi casa con la computadora, las aplicaciones de Zoom, Teams, Meet, por citar tan sólo algunas”.

El también integrante del equipo del Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología (InIAT) de la IBERO, enlista algunas recomendaciones que se pueden adoptar para evitar mayor contaminación por basura digital o tecnológica, como el no tener la computadora prendida todo el día, no instalar todo lo que la curiosidad nos obligue o el adoptar la corriente que le han llamado ‘cómputo verde’, de tiempo y espacio, como una forma más eficiente y  más efectiva: “En la medida que pueda hacer que mi programa sea más rápido y ocupe menos espacio voy a necesitar una computadora no tan poderosa, no tan contaminante, para resolver un problema determinado”.

Por su parte, el Dr. José Alberto Lara, director del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (CENTRUS) de la IBERO, explica que, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), las ventas durante el Buen Fin de electrónicos y electrodomésticos aumentaron tres y cuatro puntos porcentuales, respectivamente, en comparación con 2019.

Esta cifra, continúa José Alberto Lara, contrasta fuertemente con la disminución esperada en el producto interno bruto (PIB) por persona, que tendrá una caída de 9.9%, en 2020. Además, la misma AMVO reportó que la categoría con mayor interés de compra en octubre 2020 fue la de electrónicos, así como un incremento de hasta 75% en ventas de computadoras y laptops, en comparación con el año anterior.

De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la compra de nuevas computadoras, laptops y celulares, usadas para el teletrabajo durante la pandemia, podrían aumentar la cantidad de basura electrónica en el país e incrementar el riesgo de exposición a sustancias altamente tóxicas.

En México no existe una política clara o mecanismos de disposición de este tipo de desechos. No sabemos exactamente cómo deshacernos de nuestros aparatos electrónicos. En el mejor de los casos, se quedan arrumbados en algún clóset y en el peor terminan en un tiradero, dice el especialista de la IBERO.

“La basura electrónica no es un tema menor, cuando tiene un mal manejo generan sustancias tóxicas que contaminan el aire, el agua o el suelo. La CDMX promovía el reciclatrón, pero ha quedado suspendido por la pandemia”

Finalmente, José Alberto alerta: “Nos queda exigir mecanismos para la correcta disposición de estos residuos, pero también poner de nuestra parte, donar los artículos que todavía funcionen a quien lo necesite, evitar compras innecesarias o guardarlos hasta que los programas de manejo se retomen. Las autoridades, empresas y sociedad tienen frente a sí un problema, no nuevo, pero que tomará mayor fuerza por efecto de la emergencia sanitaria”. 

Jesús González Alcántara/ICM

 

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