Rector propone siete cualidades que debe tener hoy la universidad

Mar, 26 Feb 2019
En los años del modelo neoliberal, las instituciones de educación superior se han orientado hacia el mercado
Afirma que el criterio de calidad de una universidad debe ser la pertinencia, no los 'rankings'
  • Mtro. David Fernández Dávalos, Rector de la IBERO y Vicepresidente Alterno México de la UDUAL.
  • Al término de su conferencia el Mtro. Fernández fue entrevistado por el Dr. Roberto Escalante, para UDUAL TV.
  • Escalante y Fernández, en el stand del Sistema Universitario Jesuita en la Feria Internacional del Libro.

´CRES 2018: Educación Superior en el horizonte 2030’.

Segunda de dos partes.

En los últimos 35 años, el modelo de libre mercado absoluto ha provocado una serie de distorsiones, orientaciones y sesgos en muchas áreas de la vida, incluida la educación superior, “que nos obligan a hacer un alto en el camino para pensar qué tipo de universidad realmente es necesaria para nuestros países (de América Latina), independientemente de otros condicionamientos y circunstancias”, señaló el Maestro David Fernández Dávalos, S. J., Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Fernández Dávalos dijo lo anterior en su conferencia ‘CRES 2018: Educación Superior en el horizonte 2030’, pronunciada en la ‘40 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería’, por invitación de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL), de la que el Rector de la IBERO es vicepresidente alterno México.

Abundó que en estos años de modelo neoliberal las universidades públicas y privadas han entrado en una dinámica de orientación hacia el mercado, principalmente respondiendo a las necesidades de la empresa y en torno de una serie de criterios de evaluación que obedecen a cuestiones de rentabilidad, de inserción en un mercado globalizado, de carácter más bien pragmático, y con una racionalidad tecnocrática de medios-fines.

Ante a esto, la educación superior tiene la responsabilidad de responder de manera pertinente y comprometida con su propia realidad, como un actor del desarrollo, del crecimiento de los países y de la superación de la pobreza, de manera socialmente relevante.

Entonces, “el criterio de calidad de una universidad latinoamericana no puede ser sin más los rankings o los criterios de rentabilidad, sino que tiene que ser fundamentalmente un criterio de pertinencia; pues una universidad será mejor en la medida en que responda de manera más eficaz, comprometida y productiva a las condiciones del entorno en el que se inserta”.

Una intuición clave y central en el tipo de universidad planteada por el Rector de la IBERO es ver a la calidad como pertinencia social, no calidad más pertinencia social; y ver a la calidad como relevancia y como actuación decidida en el desarrollo de los países latinoamericanos. Esto, aunado obviamente a las condiciones de posibilidad para responder al criterio fundamental de calidad, como son: tener profesores bien preparados, contar con laboratorios adecuados y cumplir con los programas de estudio.

Y frente a la tendencia de generar estudiantes para el mercado, “nos parece necesario incentivar programas que favorezcan la formación sociohumanista, los valores éticos, la visión holística o completa y compleja de la realidad, la educación ambiental, la comprensión de la naturaleza social de la ciencia, de la tecnología, de la innovación”.

Porque cuando son los procesos económicos tomados en sí mismos los que determinan el conjunto de la vida social, las universidades tienen que hacer un contrapeso, para enviar a la sociedad hombres y mujeres conscientes, capaces, comprometidos, creativos y competentes; y no sólo empleados para las empresas.

Las universidades han de incorporar nuevas formas de producción social del conocimiento, no sólo con los “expertos de gabinete” y las innovaciones de las metrópolis; sino con una serie de personas que también generan conocimientos: las comunidades originarias, los movimientos alternativos, los artistas. Todos ellos y ellas producen conocimiento socialmente relevante y pertinente, pero que las universidades, generalmente vinculadas a los objetivos tecnocráticos, han descuidado y puesto en segundo lugar.

Nuevas formas de producción social de conocimiento, de formación, de investigación y de innovación, que conecten mejor el conocimiento con las necesidades humanas y con la agenda del desarrollo sostenible, son muy importantes para este modelo y propuesta de universidad que se dirimió y discutió en la más reciente Conferencia Regional de Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRES), y que enarbola la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL).

Con el mercado, pero no para el mercado

El Rector de la IBERO también reconoció que las universidades tienen que trabajar con sus funciones sustantivas (docencia, investigación, innovación y difusión), que son capacidades generadoras de soluciones a los problemas y desafíos. Sin embargo, “no desechamos el mercado, trabajamos junto con el mercado, pero no para el mercado, sino para la sociedad. Y ahí tienen un papel por supuesto las empresas, las industrias, los sectores productivos. Y nosotros nos sumamos con ellos, pero no estamos al servicio de ellos; ahí hay un matiz muy importante”.

Desde esta mirada, cuestiones de carácter global como el abasto de agua, la seguridad alimentaria y energética, hay que abordarlas como temas de derechos humanos, no de mercancías; como claves para el desarrollo local y regional; y como claves para la equidad, y no como asuntos que el mercado tiende a convertir en mercancías. “Entonces una de las tareas de la universidad que soñamos, que estamos tratando de empujar, desmercantiliza muchos ámbitos de la vida básica de los pueblos de América Latina y el Caribe”.

Los administradores dirían que se trabaja con el mercado y por eso se necesitan profesionales de alta calidad académica; efectivamente, son necesarios egresados de clase mundial. Mas “si para trabajar en una empresa transnacional se requiere una enorme calidad, cuánta más se necesitará para resolver problemas sociales, cuánta más se necesitará para descolonizar el conocimiento; se requieren cotas mucho más importantes de calidad académica, mucho más elevadas”.

Pero egresados de clase mundial que trabajen en nuestros países de Latinoamérica, con pertinencia local y regional, que sean capaces de pensar globalmente y de actuar localmente. “La dimensión local de las estrategias de desarrollo sostenible son imprescindibles, y desde ahí, desde los procesos regionales, es desde donde se puede construir conocimiento, conocimiento pertinente, de calidad y para la transformación social”.

La ciencia y la tecnología que desarrollen las universidades latinoamericanas tienen que ser un recurso adicional para la inclusión social. “Nuestras comunidades educativas tienen que ser incluyentes, plurales, diversas; pero además, tienen que favorecer una ciencia y una tecnología que procuren la inclusión social, que procuren la equidad distributiva y ayuden a todas las personas, independientemente de su condición social, de clase, de etnia o lo que sea, a su desarrollo personal y comunitario”.

Se necesitan universidades que no cultiven el pensamiento y la ciencia por sí mismos, o que relacionen conceptos y hagan ejercicios de estética académica; sino universidades que produzcan conocimiento y egresados que incidan en la realidad para transformarla. “Ese sería un conjunto de rasgos del tipo de universidad que queremos hacer y que queremos ser”.

Este tipo de universidad, la resumió el Rector de la IBERO en siete puntos:

  1. Calidad académica. Entendida como pertinencia y relevancia social.
  2. Matricula más diversa. Con comunidades educativas más incluyentes, plurales y diversas; en lo social, en lo cultural, en lo sexual, en las capacidades.
  3. Mayor diversidad de oferta. De técnico superior universitario, de licenciaturas, de especialidades, de maestrías y de doctorados.
  4. Con innovación educativa. En programas, en poblaciones (por ejemplo, de la tercera edad) y en modalidades (abierta, a distancia y mixta).
  5. Con mayor proporción de alumnos de posgrado. Con más investigación y más interdisciplina.
  6. Mayor vinculación con el entorno. Con una diversidad muy amplia de actores sociales, que empujen en la misma dirección en la que las universidades tienen que empujar. De hecho la universidad misma es un actor social (no es solo un espectador), porque pone su capital socio-simbólico y socio-cultural al servicio de la transformación social, generando y difundiendo propuestas con incidencia, en temas de democracia real, participación ciudadana, economía social y solidaria, derechos humanos, inclusión, producción, etcétera.
  7. Con comunidades universitarias que vivan una repolitización. Desde los intereses de los sectores populares y de los grupos excluidos. Esto es necesario porque el proyecto económico neoliberal ha despolitizado enormemente a las poblaciones en general haciéndoles entender que todo lo que ocurre son procesos naturales, que no hay conflicto social, que no hay fuerzas chocando entre sí, que no hay otro modo de organizarse, que no hay otro modo de ser universidad. “Y no. Si este modelo empezó hace 35 años, tuvo un comienzo, y puede tener un fin. Eso es una enseñanza histórica”.

Se requiere entonces un pensamiento crítico, un pensamiento sin condición, un pensamiento desde las epistemologías del sur, “con modos de conocer desde nuestros intereses y nuestros proyectos. Esa es la universidad con la que soñamos en la CRES, en la que la UDUAL está comprometida como unión de universidades, y la que tenemos que construir”.

“Pero no es un tema sólo de los universitarios, eso también ha de quedar claro; es un tema del conjunto social. Necesitamos tener las universidades que necesitamos en el país y en América Latina, que requerimos para nuestro propio desarrollo; y esas las tenemos que construir todos y todas”.

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Texto y fotos: PEDRO RENDÓN/ICM

 

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