#REFLEXIÓN Día Mundial del Teatro, una mirada desde la IBERO

Jue, 25 Mar 2021
El teatro es una de las manifestaciones artísticas que ha sido afectada por la crisis sanitaria del COVID-19
  • El Día Mundial del Teatro se celebra el 27 de marzo.
Por: 
Hugo Salcedo Larios, académico investigador del Departamento de Letras de la IBERO

El Dr. Hugo Salcedo Larios, académico del Departamento de Letras de la IBERO, reflexiona sobre el Día Internacional del Teatro, que se celebra desde 1961 cada 27 de marzo.

Recordemos que el teatro es una de las manifestaciones artísticas que sufre los efectos del distanciamiento y el confinamiento social instalados en la cotidianidad por la pandemia, desde marzo de 2020.

En esta oportunidad, el académico revela los objetivos del proyecto Teatro y política en tiempos de (pos) Covid, que busca revisar y provocar, desde el análisis de la teatralidad textual, marcos de reflexión crítica en favor de la inclusión, la distribución equitativa y la justicia.

Su proyecto fue seleccionado luego de haber cumplido con las bases de la 15ava Convocatoria de Proyectos de Investigación 2021-2023, de la División de Investigación y Posgrado de la IBERO.

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El teatro es un artefacto altamente complejo. No sólo es literatura que tiene a la acción dramática y el conflicto como ejes; y si fuera así, la producción se abriría ya a un espectro de análisis e interpretación múltiple, en cuyo caso, el examen podría arrancar de la circunstancia de producción económica y política en donde se generan las estrategias textuales practicadas por la autoría dentro de un marco social específico, la recepción epocal y extendida, etcétera. 

Pero el teatro es también la presentación, la representación y sus efectos. Es la convergencia de diversas dramaturgias, desde la textual básica o literaria a la que me he referido, y a la que se sumarían la dramaturgia del espacio, del sonido, la gestualidad, etcétera, hasta la participación y el cruce de otros lenguajes enfocados a la construcción de la espectacularidad, y en donde el público, o más bien dicho los públicos, constituyen el destinatario modelo. 

Hay que tener en cuenta además las cualidades de difícil pero incitante asidero, como puede ser la grafía efímera, el trazo corporal o lumínico en el espacio que se desvanece en el preciso instante de la realización. Está además, para considerar el grado de complejidad, el desplazamiento del protagonismo no ya en la literatura dramática ni en el virtuosismo de la escena, sino en la participación de espectadoras y espectadores dinámicos, activos, entidades políticas que toman por asalto la palestra para que sus voces se escuchen, resuenen y atienden a aspectos de urgencia como la recuperación de la memoria, la restitución de lo que ha sido arrebatado, la visibilización de las violencias e injusticias que, como en un acto consonante, alza la voz y alcanza su invaluable tributo político. 

El teatro abandona su lugar privilegiado de arte burgués o exclusivo, y se consolida como una herramienta que, si bien no alcanza a ser factor de cambio visible o inmediato, sí al menos invita a otras provocaciones; de allí entonces, por ejemplo, la importancia del performance o las acciones performativas, el simulacro, la celebración o las intervenciones de la denominada escena expandida.

Teniendo como marco los fundamentos anteriores en torno al teatro y la espectacularidad, la funcionalidad y trascendencia del suceso escénico, la emancipación de las y los espectadores, y construyendo lazos de reflexión efectiva con los problemas del mundo, estamos trabajando desde el Departamento de Letras de la Ibero Ciudad de México, en el proyecto de investigación titulado Teatro y política en tiempos de (pos) Covid, que se relaciona con uno de los aspectos de urgencia que se atraviesan por la contingencia sanitaria global y que pone más al descubierto lo que ya se sabía: que el modelo económico afincado en el capitalismo voraz se encuentra agotado, que las poblaciones con menores recursos son las que más resienten el golpe de la pandemia, que los sectores de salud, los del comercio informal, los de servicios pauperizados como la recolecta de basura, el trabajo doméstico, etcétera, son quienes se encuentran mayormente expuestos a contraer o desarrollar enfermedades como la COVID-19. A estos grupos tan desprotegidos se unen las y los desempleados, migrantes, enfermos o convalecientes, personas con capacidades físicas disminuidas, o de mayor edad. 

Nuestro proyecto apenas inicia, pero tenemos ya líneas de trabajo que se asientan en el análisis textual-dramático de piezas diversas cuyos tópicos son el confinamiento, la enfermedad o la pandemia. Además, se procura revisar otras formas de organización del gremio escénicos, urgidos en esta época, quienes experimentan con las tecnologías por medio de sus exposiciones virtuales en directo o diferidas; son representaciones o ejercicios que ponen en juego el ingenio mediante auténticos retos de concepción de “lo teatral”. 

Estas prácticas problematizan la presencia de los cuerpos congregados en los espacios como elemento de alta cala en la concepción escénica tradicional, e invitan a elaborar y ejercitar un discurso epistémico inusitado.

Si por un lado los tiempos manifiestan la voracidad del sistema económico que limita por otro lado, la relación humana en el espacio de lo público, son precisamente estas marcas de restricción las que ofrecen perfiles de solidaridad, inclusión o acompañamiento. En ese sentido quiero manifestar mi beneplácito y gratitud a quienes, sin otro aliciente más que sumarse a este esfuerzo compartido, han querido aunar sus procedimientos y saberes. 

Es así como nuestro proyecto ha encontrado eco en investigadoras e investigadores de centros, institutos y universidades públicas, así como en alguna asociación civil, pues congeniamos en la idea de sumar energías, colectivizar maneras de pensar el teatro y el mundo, y dialogar en torno a los difíciles retos que nos envuelven, no sólo como miembros de la academia o artistas en activo, sino también como habitantes de la casa común. 

Este 27 de marzo leo el mundo contrastante y difícil, y no sólo por la urgencia sanitaria sino por las otras urgencias que no deben descuidarse: el desplazamiento forzado, los feminicidios, las discriminaciones de diversa índole, la pobreza o el racismo...

Sin embargo, hay apuesta optimista. El ejercicio en la investigación y los cruces entre disciplinas que le resultan esenciales al teatro, pueden establecer marcos de reflexión crítica en favor de la inclusión, la distribución equitativa y la justicia. Por encima de la guerra, la debacle o la pandemia, el teatro vive. Vive el teatro.

Lectura de la reflexión en voz del Dr. Hugo Salcedo:

 

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