COVID-19: Cómo vivir la soledad y el distanciamiento social con meditación

Vie, 29 Mayo 2020
La meditación nos hace presentes con el trabajo de nuestra atención, nos permite contactar con nuestro corazón
  • La meditación es un trabajo para el desarrollo de la atención y de la contemplación (Pixabay)
Por: 
Mtra. Tere Valenzuela Gorozpe, académica del Área de Reflexión Universitaria*

Para reflexionar acerca del distanciamiento social que estamos viviendo por COVID-19, me gustaría compartir un mensaje que recibí: “Apartamos nuestros cuerpos, pero no nuestros corazones¨. Es decir, reconocemos su presencia en nuestra vida de aquellos a quienes amamos y a quienes padecen por su vulnerabilidad. 

Este distanciamiento social, nos invita a mirar nuestro corazón y desde ahí observarlos y hacerlos presentes. La presencia en el corazón es desinteresada, desapegada y sin juicios, estos nos permite vivir la distancia que como amor y también en cercanía.

Cuando hacemos de la meditación una disciplina diaria, encontramos en este trabajo la unidad en el corazón con una presencia amorosa gracias a la soledad e intimidad que nos demanda esta práctica. 

La meditación nos hace presentes con el trabajo de nuestra atención, nos permite contactar con nuestro corazón -lugar de nuestras relaciones- donde activamos el cultivo de esta unidad que sólo se da con amor.

Esta cualidad humana y profunda, nadie no las puede quitar porque forma parte de nosotros, es el lugar íntimo que nadie puede tocar. Al adentrarnos a ésta profundidad, permaneceremos unidos y fomentaremos nuestro amor profundo.

No perdamos la presencia de los demás, vivifiquémosla desde el corazón, para mantenernos como seres humanos en relación.

La gran riqueza que nos comparten aquellos como Francisco Jalics S. J., es que después de estar preso y en soledad pudo reconocer la presencia y mirar la unidad de amor. Por tanto, adentrándonos a nuestro interior “jamás estaremos solos”.

La invitación nuevamente es la de poder aceptar estos movimientos internos sin rechazarlos, sin juzgarlos, sin analizarlos y volver suavemente la atención a la respiración y a la percepción del flujo vital que fluye desde el centro de las palmas de las manos. Comienza a darse un proceso de sanación interior: todo lo rechazado es expuesto a la luz. Este proceso de unificación interior en lenguaje cristiano se denomina “redención”.

Pero la sanación no es el fin: nuevamente es volver la atención al presente, a la respiración y a la percepción de las manos. La única condición es la disposición a padecer lo que la vida o la realidad nos impone (en este caso, la meditación): "El que quiera seguirme, que renuncia a sí mismo, tome su cruz y me siga" (Mt 16,24). La contemplación permite una atención descansada y sostenida que no surge del esfuerzo tenso por estar concentrados en un punto, sino de la acogida fruto del vacío interior que suelta progresivamente toda pretensión por lograr o retener algo y que permite aceptar todo lo que es, con su ir y venir. A mayor pobreza interior, mayor profundidad en la orientación hacia Dios.

Francisco Jalics, S. J.

Es importante recordar que la meditación es un trabajo para el desarrollo de la atención, de la contemplación, es un ejercicio diario en el cual desarrollamos nuestra capacidad humana profunda, nuestra capacidad de Ser. Como seres humanos, existimos en el mundo, pero no necesariamente estamos presentes en el mundo. Este camino de desarrollo que potencia nuestra persona nos capacita para estar en y con 'Presencia'.

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 *Imparte las materias Religiones del Mundo y Mística de las Tradiciones Religiosas. También da talleres de meditación en la Casa de Meditación, encuentro y paz de la IBERO

 

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