El arte puede generar procesos de sanación de la violencia: antropólogo

Jue, 11 Abr 2019
Alfonso Hernández, antropólogo especializado en temas de violencia, participó en la IBERO en el conversatorio ‘Educación y cultura de paz’.
  • Mtro. Alfonso ‘Poncho’ Hernández, antropólogo .
  • 'Poncho' participó en el conversatorio ‘Educación y cultura de paz’, realizado en la IBERO.

El arte puede generar muchos procesos de sanación de la violencia, aseveró el maestro Alfonso ‘Poncho’ Hernández Gómez, antropólogo que acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para tomar parte en el conversatorio ‘Educación y cultura de paz’, organizado por la Vicerrectoría Académica de esta casa de estudios.

‘Poncho’, quien ha estudiado a distintos colectivos artísticos y culturales en diferentes partes de México, aclaró que, usado para combatir la violencia a nivel individual, el arte es más que nada una herramienta, un medio, no el fin en sí mismo; en tanto que colectivamente, muchos grupos utilizan el arte como forma de llegar a cierta comunidad e intervenir en determinado contexto en donde hay demasiada inseguridad o violencia.

“Entonces el arte tiene la capacidad, por un lado, de generar procesos de sanación individual, de resiliencia y de toma de acción del sujeto, o sea, de ser agente social para cambiar nuestra realidad; y, por otro lado, es una herramienta muy efectiva para trabajar con determinados grupos o en determinadas comunidades”.

Interesado en temas de investigación concernientes a la cultura de paz, la antropología del conflicto y la violencia, Hernández Gómez señala que esta última es muy compleja y por eso debe atenderse desde muchos frentes diversos; “hay quienes hacen actividades ambientales, hay quienes trabajan con jóvenes de pandillas, hay quienes hacen murales colaborativos, hay quienes hacen murales para buscar a sus hijas desaparecidas”.

Él, como coordinador de proyectos comunitarios y culturales, uno de ellos, la ‘Red de Arte de la Paz’, apela a compartir experiencias, sin necesariamente ser un artista en el sentido formal del término, pues una persona puede “ser un artista de la paz” desde el momento en que actúa y genera actividades creativas que muevan la sensibilidad, por ejemplo, a través de la danza, el muralismo, el rap o hasta el grafiti.

Dialogar, para atender el conflicto

Sobre los conflictos, dijo que se experimentan día a día porque forman parte de las relaciones humanas. Pero entre más herramientas se tengan para atenderlos, para tener diálogo, para comunicarse mejor y tener empatía, se evitará que los conflictos degeneren en violencia, “que es el gran problema, no tanto si hay o no conflicto, sino cómo gestionamos el conflicto y cómo respondemos al conflicto”.

Para avanzar hacia una sociedad no violenta, ‘Poncho’ recomienda empezar desde el individuo, desde sus valores, desde su carácter, desde su visión del mundo y de sí mismo. “Teniendo una conciencia más amplia de nosotros mismos y de la cultura en la que estamos inmersos podremos gestionar los conflictos de mejor manera, y avanzar, esperemos, hacia una sociedad con menor violencia”. Mas lo básico es aprender a respetar la vida, “y a que estamos más conectados que desconectados, que hay más cosas que nos unen que las que nos separan”.

En torno a cómo puede la academia colaborar con los actores sociales, como él, para lograr una educación y cultura de paz, el maestro Hernández mencionó que hay que basarse en el diálogo de saberes.

“Los expertos somos todos, dependiendo del campo en el que estemos; unos tienen más conocimiento académico, otros tienen conocimiento de la vida, otros conocen la experiencia de las comunidades, hay grandes artistas que quizá ni siquiera fueron a una escuela de bellas artes. Pero es en esta diversidad de actores y entidades donde se puede construir un nuevo diálogo, más constructivo, porque no sólo es labor de la academia, de las asociaciones civiles o de los artistas combatir la violencia, sino que es algo en lo que todos debemos de colaborar”.

En el caso específico de la universidad, consideró que ésta tiene que salir más hacia la comunidad, hacia los barrios, hacia las calles. “Que los estudiantes vayan y se ensucien un poquito las manos, que trabajen en campo; que los docentes dialoguemos más con ciertos actores, que no por no ser de la academia carecen de la misma validez”.

Estudiantes y profesores universitarios tienen que romper prejuicios e ir a comunidades, barrios y colonias, incluso los estigmatizados, como Tepito, para conocer a la gente, ver la realidad y descubrir mucho más. “Y ahí se va a romper el miedo, que nace siempre de no conocer al otro”.

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Texto y fotos: PEDRO RENDÓN/ICM