Monseñor Arnulfo Romero: Curas, la voz social de los marginados

Mar, 17 Abr 2018
Lo que buscó el sacerdote salvadoreño fue hacer política no desde arriba, como siempre lo hace la Iglesia, sino de abajo, desde los pobres: Rector de la IBERO
El 21 de octubre, Óscar Arnulfo Romero será canonizado en la Plaza de San Pedro, en El Vaticano
  • De izquierda a derecha: Dra. María Luisa Aspe, directora del Departamento de Historia de la IBERO; Mtro. Édgar Ferman Palacios Bermúdez, embajador de El Salvador en México; Mtra. Araceli Téllez, directora general del Medio Universitario; y Mtro. David Fernández Dávalos, Rector de la IBERO (Iván Cabrera/IBERO).
  • Monseñor Romero murió el 24 de marzo de 1980 (Iván Cabrera/IBERO).
  • Después del conversatorio, se llevó a cabo una oración ecuménica en la Casa de Meditación de la IBERO (Iván Cabrera/IBERO).
  • La Mtra. Araceli Téllez fue la encargada de presentar a los ponentes (Iván Cabrera/IBERO).
  • La Dra. María Luisa Aspe habló sobre el signo de contradicción que fue Monseñor Romero (Iván Cabrera/IBERO).

El 24 de marzo de 1980, alrededor de las 6:30 de la tarde, una bala certera dio en el corazón de Monseñor Óscar Arnulfo Romero cuando ofrecía una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. De esta forma, quien se dedicó a predicar en favor de los desfavorecidos, los excluidos, los pobres y marginados de El Salvador fue acallado, pues se había convertido en un peligro para los poderes fácticos de esa nación.

Así lo dijo el Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Mtro. David Fernández Dávalos, durante el conservatorio ‘Monseñor Romero: Vigencia de su pensamiento y obra’, organizado por la IBERO y la embajada de El Salvador, de cara al proceso de canonización de este religioso, que ocurrirá el 21 de octubre de este año.

Tras su muerte es considerado como el “salvadoreño más universal”, un icono de los derechos humanos, del pensamiento teológico que opta por los pobres (Teología de la Liberación), es una figura central de la opción preferencia de los pobres, de las iglesias cristianas de América Latina. Sin embargo, su riqueza radica en la conversión que tuvo a nivel personal, social y eclesial.

“Monseñor Romero nace en 1917, es un hombre conservador, es amigo de la oligarquía, es buena persona, bondadosa. Él habla de resolver los conflictos sociales mediante el amor, la reconciliación, hace llamados de este estilo, pero era cercano a las familias de los oligarcas o terratenientes”, comentó el maestro Fernández Dávalos.

Incluso va contra la Teología de la Liberación, pues la considera “una desviación de la ortodoxia y combate este tipo de pensamiento, se posiciona en varias ocasiones en contra de la Teología de la Liberación, en contra del involucramiento de los curas en la política, en contra de los derechos humanos. Era un aliado fiel del poder”.

Además de esta característica de ser progobierno, no quería a las comunidades eclesiales de base ni a las asambleas de los curas (por su cariz político, decía), era cercano a los oligarcas y tenía diferencias con los jesuitas, a quienes acusó de enseñar marxismo en instituciones educativas, como la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

En 1974, cuando lo hacen titular de la Diócesis de Santiago de María se encuentra con la pobreza y es cuando empieza a cambiar. El Padre David Fernández refirió que Monseñor Romero se da cuenta de esta situación y dice: “La pobreza tiene responsables concretos, no es una fatalidad ni una catástrofe natural y hay que encontrarlos (a los responsables)”.

“Empieza a ver que la pobreza tiene relación con la riqueza; hay pobres porque hay ricos. Ve la opresión en los cafetales, los cortadores solían ir a dormir a la plaza y él los empieza a recibir en su casa y a conversar con ellos. Encuentra que esos cafetaleros tienen raíces cristianas mucho más auténticas que los propios curas con los que él está acostumbrado a tratar”.

Tres años más tarde, se convirtió en arzobispo de San Salvador, en medio de un deterioro de la situación política y social del país, sobre todo por la represión estatal y la aplicación de la doctrina de la seguridad nacional, a partir de la Escuela de las Américas, cuya labor era reprimir cualquier intento de rebeldía en los países latinoamericanos.

Uno de los momentos que cambiaron su forma de vida fue el asesinato de su amigo, el jesuita Rutilio Grande, el 12 de marzo de 1977, “eso le abre definitivamente los ojos frente a la realidad del país. Se da cuenta y sostiene que el gobierno engaña, presenta como subversivos a los buenos cristianos que conoció entre los cafetaleros y esto lo abre a la compasión y a la conversión”.

Rompe con el gobierno

Entonces se enfrenta al gobierno que tanto lo había elogiado, protegido y promovido, a través de dos decisiones trascendentales que van a dificultar su relación con los poderes fácticos: primero, decide que no participará en ceremonias oficiales hasta que se aclare la muerte de Rutilio y, segundo, convoca a celebrar una sola misa en la Catedral de San Salvador y prohíbe la realización de las ceremonias religiosas en todas las parroquias del país.

“Esto se interpreta como un desafío, el gobierno y el nuncio quieren impedir que haya esa misa. Lo tratan de impedir, pero no pueden, Monseñor se enterca, pero en la misa se siente acogido, útil, se hace pueblo. Ahí es donde cuaja la conversión. Es decir, Monseñor bajó cuando subía, y cambió cuando se hacía viejo”, señaló el Rector de la IBERO.

Agregó: “Sus homilías empiezan a impactar en la radio, era el programa más escuchado en El Salvador; lo oían tanto los amigos como los enemigos de Monseñor, y uno iba en la calle y podía ir oyendo todo el programa porque en las ventanas y en las puertas se iba oyendo y te enterabas lo que iba diciendo Monseñor. Conocía al pueblo y su realidad, era la voz de los sin voz, daba cuenta de todo lo que sucedía en el territorio nacional, era molesto para quienes habían sido asesinos, con mucha fuerza hablaba a pesar de su timidez. De incómodo pasó a ser peligroso”.

Fue entonces que lo acusaron de marxista, de incitar a la violencia, de ser guerrillero, de fomentar el odio y la subversión; incluso la Iglesia local y desde El Vaticano le da la espalda y Juan Pablo II lo conmina a callarse y hablar mal de los comunistas. “La iglesia siempre ha hecho política, pero siempre desde arriba, desde el poder; nunca desde abajo, que es lo que empezó a hacer Monseñor Romero y eso es lo que no quieren que se haga, desde los pobres”.

El Padre David Fernández explicó que para Monseñor Romero fue “central la opción preferencial por los pobres, y entonces su compromiso y el compromiso de los cristianos con las organizaciones populares se hizo más activo y vinieron consecuencias. La Iglesia de los pobres se puso en la mira de las fuerzas represivas, la ultraderecha hacían pintas, muchos extranjeros fueron expulsados, era un poco el pago por ponerse al servicio del pueblo”.

En 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) toma el poder en Nicaragua, lo que genera un enorme miedo a Estados Unidos ante la posibilidad de que haya un contagio en América Latina. Fue entonces que El Salvador se convirtió en pieza clave del rompecabezas geopolítico y en esa nación se empezó a jugar el destino latinoamericano. Un año más tarde, EU ayuda con más ahínco al gobierno salvadoreño.

“Romero le escribe al presidente Carter en febrero de 1980. La hace pública (la misiva) y es algo inédito. Pide no intervenir en El Salvador para evitar más sangre. El Departamento de Estado de Estados Unidos se queja con El Vaticano, al día siguiente de la carta, y al mismo tiempo una bomba estalla en la estación de radio.

“A principios de marzo ponen 72 cartuchos de dinamita en el altar en el que Monseñor Romero va a ofrecer la misa, quien cae en la cuenta de que lo van a matar, y como Jesús antes de ir a Jerusalén sabe que lo van a matar, y de todos modos va para allá porque es inevitable ese destino”.

Y su suerte estaba echada: el 23 de marzo, la estación vuelve a transmitir y Monseñor Romero emite su homilía más dura, en la que dice en el nombre de Dios pido, exijo, que cese la represión. “Habla a las bases militares para que desobedezcan —un atentado contra la disciplina de las fuerzas armadas—, porque no pueden obedecer lo que va en contra de la ley de Dios”.

A 38 años de su muerte, aún quedan dudas sobre quién ordenó la ejecución del sacerdote católico, que este año subirá a los altares. Lo novedoso de esta canonización, comentó el Mtro. Fernández Dávalos, es que ahora los asesinos no son de una fe distinta al muerto, comparten la fe cristiana con el que fue asesinado, con el mártir. Será San Romero de América, como ha sido conocido, es un pastor, un mártir nuestro y me parece que lo que dijo en su última homilía es vigente en los momentos de enorme violencia que vivimos en México y en otros países de América Latina”.

La difícil tarea de proteger a los débiles y a las víctimas

Por su parte, el embajador de El Salvador en México, Mtro. Édgar Ferman Palacios Bermúdez, señaló que Monseñor Óscar Arnulfo Romero encarnó siempre los intereses de los débiles y de las víctimas, lo que le trajo dificultades.

“Monseñor Romero captó desde sus sacerdotes y después de los feligreses de la Iglesia y, en general, desde los pobres de El Salvador de que era importar señalar y denunciar de manera sin tapujos, sin cortapisas, la situación que estaba pasado. Católicos y no católicos, a la hora de su mensaje, las radios estaban encendidas en El Salvador”.

Afirmó Romero “encarnó el sufrimiento, tuvo esperanza, tuvo visión y habló, y no habló para favorecer al gobierno o a un partido político o a un grupo revolucionario, habló desde su conciencia cristiana y como líder, alto jerarca, de una Iglesia que tradicional e históricamente no había estado con los pobres”.

Palacios Bermúdez explicó que siempre había un criterio que Monseñor Romero seguía: todas las cosas que le venían a la mesa o que le pedían posición tenía como una medida: los intereses de los pobres. Si favorecía a los pobres estaba a favor, pero si no, en contra.

Respecto a las víctimas de violencia en América Latina, el diplomático comentó que la verdad y la justicia son primordiales para tener perdón y alcanzar la reconciliación, “pero es condición necesaria para curar heridas que se conozca dónde están los restos, qué pasó, quiénes lo hicieron, por qué lo hicieron y luego que prevalezca la justicia para que no se dé la impunidad. No siempre se ha logrado, ni en El Salvador ni en los demás países de América Latina y el mundo”.

Óscar Arnulfo Romero, signo de contradicción

Para la Dra. María Luisa Aspe, directora del Departamento de Historia de la IBERO, Monseñor es un signo de contradicción porque fue una persona “de carne y hueso, con dilemas y problemas“, que tuvo al menos tres conversiones: la personal, de carácter; la social, cuando se enfrenta a la pobreza de su pueblo; y la teológica, al pasar de un catolicismo tradicional a una iglesia conciliar.

La historiadora expresó que hay grandes referentes para entender al sacerdote salvadoreño: el primero, los jesuitas, pues se da cuenta que su teología ya no le da para explicarse la realidad y se acerca a figuras como Rafael Moreno, el Provincial César Jérez, Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, y a los jesuitas de Estados Unidos (financiaban su programa de radio) y Rutilio Grande.

“A Romero lo que más le duele es el dolor del pueblo, pero creo que después es no estar en comunión con sus hermanos obispos”. Además, fue un hombre que trató por igual a laicos y laicas, e interiorizó está nueva noción de Iglesia-pueblo de Dios, es decir, entendió a la Iglesia como comunión. Por su puesto, dijo, fue importante para él acercarse a la vida religiosa feminista, pues las monjas le dieron “apoyo espiritual, estabilidad emocional, y recopilación de chistes”. Finalmente, la Iglesia europea lo ayudó en su labor pastoral.

Iván Cabrera

 

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