Tecnología requiere participación de las humanidades y las artes: InIAT

Lun, 3 Mayo 2021
El Dr. Eduardo Gamaliel Hernández Martínez señaló que la ciencia y tecnología bajo una perspectiva humanista es aquella que prioriza todo desarrollo poniendo al ser humano en el centro
El titular del InIAT participó en las 'Jornadas de reflexión sobre el sistema de ciencia, tecnología e innovación que demanda el futuro'
  • Dr. Eduardo Gamaliel Hernández Martínez, director del Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología (InIAT) de la IBERO.

La tecnología actual no es interdisciplinar, por lo que es necesario que busque la participación de muchas áreas del conocimiento, así como un enfoque humanista e incluso de las artes, señaló el Dr. Eduardo Gamaliel Hernández Martínez, director del Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología (InIAT) de la IBERO.

Al participar en las Jornadas de reflexión sobre el sistema de ciencia, tecnología e innovación que demanda el futuro, dijo que en el InIAT la participación de diseñadores en desarrollo de software, educadores en tecnologías para la discapacidad, nutriólogos en tecnología de alimentos, arquitectos en tecnologías sustentables, economistas y geógrafos en ciencia de datos, entre otros ejemplos, ha sido muy valiosa.

“La participación de estas áreas lleva a reflexionar en la usabilidad de lo que se desarrolla, en lo visualmente atractivo y accesible de las aplicaciones, en lo estético de los vehículos y drones para su adopción, en la percepción de un usuario que puede ser beneficiado por lo que hacemos. Debemos promover este trabajo de cocreación y el entendimiento de un lenguaje común”, explicó.

Añadió que esto permite forjar líneas de investigación más abiertas e incluyentes. También permea este trabajo interdisciplinar en los planes de estudio. Parece razonable la interdisciplina y el trabajo colegiado, sin embargo, “aquí es donde entramos en conflicto con las inercias tradicionales de trabajo, con la inmediatez de los resultados que debemos dar y que nos impide integrarnos a esta colegialidad. En este sentido, nuestras instituciones y las políticas gubernamentales requieren construir una estrategia e incentivos para esta migración a trabajo inter y transdisciplinar”, expuso.

El investigador comentó que la ciencia que deriva en tecnología no es responsabilidad únicamente de las y los investigadores y de las instituciones de educación superior, sino que se realiza en un ecosistema de innovación, que ya ha sido experimentado en otros países, donde se unen la universidad, la industria, la sociedad y el gobierno.

Agregó que las transformaciones tecnológicas requieren de la participación de las y los jóvenes investigadores, como un elemento fundamental en la aparición de las nuevas tecnologías disruptivas, cada vez más accesibles y que están marcando una nueva forma de concebir el mundo y su futuro.

“Debemos fomentar e impulsar desde nuestras instituciones ese espíritu creativo que tienen las nuevas generaciones, romper moldes disciplinares y retículas de estudio tradicionales; hacer interactuar todas las disciplinas, no sólo entre las ingenierías y ciencia básica, sin descuidar ni sacrificar la estructura mental y las ideas para el futuro en nuestros jóvenes que prometen las bases de la ciencia básica y, por supuesto, apoyando toda iniciativa de emprendimiento”, dijo.

El ser humano, en el centro

Para el Dr. Gamaliel, la ciencia y tecnología bajo una perspectiva humanista es aquella que prioriza todo desarrollo poniendo al ser humano en el centro. Pero no sólo exclusivamente al ser humano, lo cual denotaría un sentido puramente antropocéntrico, sino al ser humano como parte de un sistema mucho más grande, como un elemento más del sistema medio ambiental que nos rodea.

Por lo tanto, agregó, la tecnología se vuelve un medio y no un fin. Si los procesos de desarrollo tecnológico terminan en títulos de propiedad intelectual o patentes, que orgullosamente se contabilizan en las instituciones, está bien; pero si no que se adoptan o se convierten en innovación para esta casa común, entonces no son el medio que necesitamos como sociedad.

“La tecnología que se requiere en un ecosistema es aquella que mejora las condiciones de trabajo del ser humano, acompañándolo y no sustituyéndolo en el mismo; es democrática y masiva en la medida de lo posible, y no como insumo para la desigualdad”, dijo.  

Añadió que la tecnología no debe generar riqueza a sus creadores a costa de la explotación social, aprovechamiento de grupos vulnerables o con daño al medio ambiente, pues el diseño de la investigación que deriva en tecnología debe incluir una mayor interacción con la realidad.

“Su planteamiento debe ser no sólo pertinente, en el contexto de una comunidad científica, como comúnmente realizamos en protocolos, sino incluir búsqueda de patentes y vigilancia tecnológica, entrevistas con los usuarios, análisis de factibilidad y viabilidad, entre otros”, dijo.

Es decir, pensar en el ciclo completo de un producto, incluso en su reciclado y no tan sólo su biodegradación, sino en su bioasimilación al ambiente. También pensar en la llamada economía circulante para el reuso de los bienes tecnológicos que desarrollamos.

Aseguró que, como instituciones de educación superior y centros de investigación públicos y privados, siempre se debe defender la libertad de trabajo atendiendo necesidades puntuales y urgentes de tecnología, pero al mismo tiempo mantener una línea de pensamiento de largo plazo.

Aquí es donde la ciencia básica debe cultivarse para los futuros desarrollos científicos. Esto hace la diferencia respecto a las empresas de lucro, que son modelos de negocios que buscan en todo tiempo soluciones rápidas a problemas concretos, creando tecnología que usa lo que preferentemente ya existe en el mercado, para resultados más prontos.

“Nuestro papel, más que conformarnos como usuarios, deber ser la creación y maduración de nuevas ideas que resuelvan efectivamente las necesidades de hoy, pero también del mañana. Esas ideas del mañana que las empresas no atienden, por vivir en la competencia del mercado, y que en su momento buscarán en las universidades”, explicó.

Respecto a la Agenda de Estado y el Programa Especial mencionados en el Anteproyecto de Iniciativa de Ley General de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación del Conacyt, que pretenden acotar las prioridades para financiar la investigación, señaló que es riesgoso pues el Estado dotará de recursos y creará convocatorias de financiamiento sólo para ciertas áreas del conocimiento, con el riesgo de que sólo unos cuantos puedan participar y beneficiarse, y dejando sin cobertura otros temas relevantes.

En ese sentido, añadió que se puede predecir que los proyectos fuera de esta agenda no podrán continuar por la falta de recursos, y viviremos en la inmediatez y en las prioridades que cada gobierno juzgue para su periodo sexenal.

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