Un jesuita feliz, así fue Saúl Cuautle Quechol (FOTOS)

Lun, 13 Sep 2021
El Padre Alberto Valencia Aguirre, Coordinador de la Pastoral de Educación y Cultura de la Diócesis de Tabasco, comparte con la comunidad IBERO un álbum de fotos que le regaló nuestro Rector, con “imágenes únicas del noviciado"
  • Día de la consagración del Dr. Saúl Cuautle Quechol como jesuita, junto a su padre y madre (Foto: Cortesía)
  • En el desfile de manoletas, en León, Guanajuato. Con 'maestrillos' y el Rector Juan Luis Orozco Hernández S.J., del Instituto Lux (Foto: Cortesía)
  • En la Casa de los Jesuitas de Tapalpa, Jalisco, durante un retiro y curso de cristología (Foto: Cortesía)
  • Paseo comunitario en Tapalpa (Foto: Cortesía)
  • El Dr. Cuautle junto a maestros y maestras del Instituto Lux, en donde fue director del segundo año de bachillerato (Foto: Cortesía)
  • En Puente Grande durante sus ejercicios de mes, es decir, la experiencia fundante de todo jesuita (Foto: Cortesía)
  • A partir de la experiencia en Puente Grande hicieron sus votos el Día de San Ignacio de Loyola (Foto: Cortesía)
  • Como parte de su experiencia en hospitales, los jóvenes se iban durante tres meses a atender enfermos (Foto: Cortesía)
  • Saúl Cuautle, muy joven, con sus compañeros de generación, era capaz de formar una pirámide humana (Foto: Cortesía)
  • En el noviciado, como parte de la experiencia pedagógica, se hace una fiesta de disfraces con las herramientas que tienen al alcance, sin comprar nada, “es parte de la pedagogía jesuita de ser creativos con lo que se tiene". (Foto: Cortesía)
  • Novicios (Foto: Cortesía)
  • El Dr, Saúl Cuautle Quechol, S.J., junto a su amigo el Padre Alberto Valencia

El Dr. Saúl Cuautle Quechol, S. J., fue un jesuita muy feliz, dado que en la Compañía de Jesús pudo cumplir todos sus sueños, “ahí todo lo que soñó, lo realizó”, platicó el sacerdote Alberto Valencia Aguirre, uno de los grandes amigos de quien fuera Rector de la IBERO del 2020 al 2021 y quien falleció el pasado 9 de septiembre a los 55 años.  

Valencia Aguirre, Coordinador de la Pastoral de Educación y Cultura de la Diócesis de Tabasco, conocía al Padre Saúl desde hace 30 años, y lo recuerda como un hombre que creció con un profundo amor a la iglesia, a la Compañía de Jesús y a la educación. “Fue un hombre muy feliz, así resumiría la vida de Saúl”.  

El sacerdote recuerda a su amigo Saúl como una persona de carácter afable, un hombre organizado y minucioso; astuto, inteligente y estratégico; de gran expertise en lo académico, pedagógico, social, humano y en lo espiritual.  

El Padre Saúl llegó a la Compañía de Jesús, influenciado por el Seminario Palafoxiano de Puebla, por lo cual siempre se mostró muy ordenado, puntual, atento a todo, y muy detallista. “Con una estructura formal como se enseña en el seminario. Cuando entró a la compañía se encontró con compañeros de diferentes estados del país, con un grupo muy plural y fue entonces que empezó a hacer comunidad”, compartió el sacerdote Valencia. 

Justo uno de los regalos más bellos que le hizo el Padre Saúl al sacerdote Alberto fue un álbum de fotografías que retratan aquellos días especiales del noviciado, junto a sus compañeros y amigos. “Un día me dijo que me quedara con el álbum. Son imágenes únicas de la historia de nuestra generación y hoy toca mostrarlas para que la gente conozca al gran hombre y ser humano que fue”, expresó el sacerdote. 

En las imágenes que el Padre Alberto amablemente comparte con la comunidad IBERO, se muestra a un Padre Saúl muy joven, con sus compañeros de generación en sus ejercicios de mes, es decir, la experiencia fundante de todo jesuita, en donde todos hacen el discernimiento que hizo San Ignacio de Loyola durante 30 días. Es lo que determina la estancia en la Compañía porque confirma la vocación de los jesuitas.  

“En un ambiente de oración uno decide ofrecer su vida y es Dios quien lo confirma. Esta experiencia que se realizó en Puente Grande nos hizo más íntimamente hermanos porque nos hablamos de todo. Estamos en oración, en silencio, con misas, fue una experiencia muy bella”, platicó el sacerdote.  

A partir de esa experiencia hicieron sus votos precisamente el Día de San Ignacio de Loyola. En la imagen se observa a doce hombres con sus albas y crucifijos. “Ahí se muestra a un Saúl impecable en sus ropas sagradas. Para él lo sagrado era muy importante. Era muy cuidadoso en los detalles y en la formalidad”, expresó Valencia.  

En las imágenes también se muestran sus días en los talleres de formación en Tapalpa, Jalisco. Se trata de una experiencia de ejercicios espirituales. “Se nos nota la felicidad”, dijo Valencia.  

Otra fotografía muestra a un joven Saúl con sus compañeros viviendo la experiencia de hospitales en donde se envían a los jesuitas en formación a cuidar a los enfermos.  

En el noviciado, platica el sacerdote Alberto, como parte de una experiencia pedagógica, se hace una fiesta de disfraces con las herramientas que tienen al alcance, sin comprar nada, “es parte de la pedagogía jesuita, de la creatividad con lo que se tiene. Todos hicimos nuestros disfraces. En este proceso estamos en formación, no somos curas, estamos siendo amigos. Él se disfrazó de boxeador, esa imagen tiene mucho significado porque es la de un hombre que lucha, así fue Saúl”.  

EL CONSTRUCTOR

El sacerdote Alberto Valencia recuerda que a pesar de tener personalidades muy diferentes. Él y el Dr. Saúl se hicieron muy amigos cuando les dieron su primer destino apostólico (para los jesuitas es muy importante este destino porque marca su vocación) el Instituto Lux de Guanajuato, en donde les tocó coincidir.  

“Fue una feliz coincidencia, aunque ya éramos amigos, todavía no sabíamos lo mucho que nos íbamos a querer. Él fue director del área de bachillerato del segundo año y yo fui director del último año de bachillerato, es decir, hacíamos mancuerna con estudiantes”, platicó.  

Compartió que cuando llegaron, el instituto estaba por mudarse de sede. Por lo cual les tocó construir, inspirarse, soñar y crear arquitectónicamente el nuevo colegio, “eso lo marcó muchísimo por eso después se animó a ser un constructor. Tenía el talento para construir porque era muy organizado, cuidaba todo”. 

En esta experiencia de magisterio que vivieron por dos años, se les conocía como maestrillos, que es una manera de llamarse entre jesuitas cuando realizan experiencias pedagógicas que pone San Ignacio. Esto lo hacen los jesuitas en todo el mundo.  

Pero de acuerdo con el Padre Alberto, este colegio transformó la vida de Saúl, pues hizo muchos amigos y amigas. Tenía mucho ángel con el estudiantado, se ganaba el cariño y la confianza de la gente. “Era un maestrillo taquillero, así le decíamos. Le caía muy bien a los estudiantes, pero como maestro era estricto. Tenía esa virtud. En León, Guanajuato dejó una honda huella, fue muy querido”, recuerda con cariño.  

“También remodeló el Instituto Oriente de Puebla, lo dejó como un jesuita quiere un colegio, con aulas bien orientadas, alberca, gimnasio, estacionamiento. Como un colegio de primer mundo con tecnología. Sin opresión al maestro, pues era generoso y respetuoso. Soñaba con espacios educativos hermosos. Nadie como él tenía la intuición de hacia dónde tenía que ir la educación en México. Por eso siempre fue el perfil idóneo para la IBERO. Eligieron al mejor”, dijo Valencia.   

Pero antes de ser maestrillos, los mandan a estudiar filosofía. Invitaron a Cuautle Quechol a formar su perspectiva social. Entonces fue cuando formó parte del Centro de Reflexión y Acción Social (CRAS) en donde participaba un grupo de jesuitas muy reconocidos en la provincia que se reunían eventualmente para hacer análisis de la realidad. “Saúl formó parte de este grupo y empezó a tener esta perspectiva de lo social y lo educativo. Dos elementos que marcaron su quehacer”.  

Por estos recuerdos y muchas más anécdotas, el sacerdote Valencia recuerda a su amigo como uno de los jesuitas más notables de la Provincia, de los más preparados, de los que más experiencias internacionales tuvo.  

FAMILIA DE LUCHADORES

En la familia de Saúl siempre fueron muy luchadores. Cuando él era niño, sus padres se dedicaban a traer manzana de Chihuahua y venderlas en el mercado de la Merced. “El creció en ese mercado, y se convirtió en un experto en manzanas, pues con verlas podía decir si estaban frescas o no, o cuantos días de congelación tenían. Su familia era humilde, unida y trabajadora”, platica el Padre Valencia.  

Recuerda que los padres del Dr. Saúl eran devotos del cristo de Esquipulas y de la Virgen de Guadalupe. Su mamá, en particular, era devota de San Pascual Bailón, el santo de los cocineros. La familia Cuautle Quechol era una familia de mucha tradición y muy querida del poblado San Francisco, Acatepec, en Cholula. Incluso sus abuelos están enterrados a la entrada de esa iglesia, en donde permanecen las personas más notables del lugar.   

(*Todas las fotos fueron tomadas de la cuenta de Facebook del Padre Beto Valencia Aguirre, con su autorización).

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Valentina González/JCM

 

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