Valores culturales, enorme capital de México frente al COVID-19: académico

Jue, 23 Abr 2020
El Mtro. Juan Pablo Vázquez Gutiérrez señala que la generosidad, la empatía y el apoyo mutuo ayudan a enfrentar este tipo de crisis
  • La generosidad, la empatía y el apoyo mutuo son valores culturales que en diferentes ámbitos como el de la salud, el político, social o psicológico son de apoyo (Pixabay).

Los valores culturales son un enorme capital social de México que puede ayudar a enfrentar crisis como la que está viviendo el país por el coronavirus, señaló el Mtro. Juan Pablo Vázquez Gutiérrez, académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana.

El doctor en sociología señaló que las personas responden a situaciones como la del COVID-19 a través de sus redes de apoyo, con prácticas de solidaridad, pues la sociedad civil crea estrategias y alternativas para afrontar problemas. Se trata, dijo, de un capital social y prácticas colectivas valiosas.

“Frente a estas emergencias y a la insuficiencia de la acción del Estado, la sociedad de alguna manera genera prácticas de apoyo. La generosidad, la empatía y el apoyo mutuo son valores culturales que en diferentes ámbitos, como el de la salud, el político, el social o el psicológico, son de apoyo”, explicó el maestro en Investigación y Desarrollo de la Educación por la IBERO.

“Existen múltiples formas de resistencia frente a las grandes crisis como la economía local, el comercio justo que de alguna manera ha permitido resistencia frente a la situación. Se pueden crear alternativas desde la sociedad civil y recuperar la esencia de las sociedades cuando se está en crisis”, señaló el académico.

En entrevista, el investigador comentó que el confinamiento prolongado causa estrés y depresión. También recordó que los contextos de violencia intrafamiliar se pueden agudizar y ampliar.

Por esta razón, habló de la importancia de recuperar los lazos sociales frente al individualismo, sobre todo durante la cuarentena, pues el confinamiento no tendría porque significar no socializar.

“Se pueden reconstruir. Las redes, las plataformas sociales crean una distancia física, pero no tienen porque ser una distancia moral ni emocional ni social. Podemos trabajar incluso más allá de las acciones del Estado. Lo más fácil sería criticar las limitaciones del Estado, pero necesitamos recuperar la esencia para vernos".

Destacó que la crisis del COVID-19 ha agudizado las asimetrías, las desigualdades y provoca múltiples efectos. Por ejemplo, frente al llamado de quedarse en casa, una medida de protección, hay quienes no pueden respetarla porque están en la informalidad o en el subempleo; entonces, tienen que salir, son vulnerables y quienes menos posibilidades tienen de atención medica.

También se agudizan situaciones de otro tipo como las compras de pánico y el desbasto, actitudes individualistas, las fake news, etcétera, que pueden tener repercusiones sociales y emocionales.

La sana distancia, en una de sus vertientes, puede convertirse en distancia social, discriminación y exclusión, pues en ciertos contextos existe rechazo a personas que pueden ser portadoras del COVID-19, lo que puede provocar segregación social hacia este tipo de poblaciones o de las personas que no tienen casa.

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Valentina González/ICM

 

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