CEX de la IBERO expone obra pictórica de Miguel Aguayo

Vie, 9 Oct 2020
‘No Tocar, lo que los ojos palpan’ está montada en el Centro de Exploración y Pensamiento Crítico de la Universidad, ubicado en Av. Revolución 1291, Col. Alpes
El Dr. Saúl Cuautle Quechol, S. J., Rector, inauguró la exposición, a la que asistieron autoridades universitarias e integrantes de la Curia Provincial de la Compañía de Jesús en México
  • Con esta foto del artista comienza la exposición pictórica del Padre Miguel Aguayo, S.J (1934-2020).
  • Dr. Juan Carlos Henríquez Mendoza, S.J., coordinador del Centro de Exploración y Pensamiento Crítico (CEX).
  • Dr. Saúl Cuautle Quechol, Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
  • El Padre José Méndez, S.J., acudió en representación del Padre Luis Gerardo Moro Madrid, S.J., Provincial en México de la Compañía de Jesús.
  • El Padre Carlos Espinosa, S.J., fue amigo de Miguel Aguayo.
  • Inaugurando formamente la exposición.
  • A espaldas de Henríquez, 'Tabachines en flor'.
  • A lado del Rector Cuautle, 'La noche sosegada'.
  • El P. Méndez, en la sala donde se encuentran ‘Los lienzos de la verónica’.
  • Los retratos de Cristo representan dos crucifixiones.
  • El Padre Mariano Torres, leyendo una de las fichas museográficas.
  • 'Sin título', 'Tabachines en flor' y 'La profecía'.
  • 'Vegetación marina'.
  • 'Dorso en azules'.
  • Firma del Padre MIguel Aguayo (plasmada en 'Sin título).

El Centro de Exploración y Pensamiento Crítico (CEX) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México montó en su sede, ubicada en Av. Revolución 1291, Col. Alpes, ‘No Tocar, lo que los ojos palpan’, exposición pictórica del Padre Miguel Aguayo, S. J. (1934-2020), cuya obra forma parte del patrimonio artístico de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús.

El Dr. Juan Carlos Henríquez Mendoza, S. J., coordinador del CEX, centro que se encargó de hacer el trabajo curatorial y museográfico, explicó que el criterio de la curaduría fue seleccionar las pinturas más texturizadas, las que están llenas de capas, y que por eso apelan más al sentido del tacto que al de la vista.

Como los cuadros están hechos para despertar una tensión entre la vista y el tacto, porque hay realidades que llaman, invitan e incitan directamente al tacto, la exposición se llama ‘No Tocar, lo que los ojos palpan’. “Entonces el criterio fue seleccionar las obras más táctiles, más texturizadas, en donde se muestran todas las capas de profundidad que Miguel Aguayo estuvo explorando en sus distintas técnicas”.

La exposición está organizada en diversas salas, cada una dedicada a una técnica específica. En la primera, la carga de mármol está muy presente en piedras que salpican en todos los cuadros sus potencias, sus furias, “son las fuerzas que nos embaten”. Empero, algunos de los cuadros ahí montados también hablan de escrituras, como ‘Ventana a la profecía’, que muestra códigos para descifrar esas potencias que embaten a los seres humanos, toda vez que el misterio sí tiene un sentido.

En la siguiente sala, los cuadros ya no “explotan”, ahora “implotan”, se concentran. ‘Danza del rojo’ “es el amado que busca al amante, el amante que busca al amado, en una relación mística de búsqueda desde la pasión más profunda del corazón incendiado”. Y las aguas calmadas de ‘Visión del Jordán’ revelan la escena del llamado de Cristo a su identidad, el tú eres mi hijo amado, en ti me complazco.

La sala contigua muestra cómo el Padre Miguel Aguayo exploró el uso de las gasas, que entintó con distintos colorantes para utilizarlas como elemento pictórico, para lograr formas redondeadas muy orgánicas, biológicas y acuíferas, “altamente eróticas todas ellas”, las cuales despiertan más directamente el sentido del tacto.

La última sala está dedicada al corazón humano en desolación, en tribulación, derrotado, destruido. Ahí se encuentran ‘Los lienzos de la verónica’, rostros de Cristo que hablan de dos crucifixiones. Una es la crucifixión humana, porque “todos eventualmente estamos crucificados por alguna situación en la vida”. La otra es el hecho de que “tenemos un Dios que no está hablando desde las alturas o desde la gloria, sino que está hablando desde la Cruz. Es el Dios mismo crucificado que mira nuestra Cruz”. Esa es precisamente la penuria compartida, la cruz de la cruz.

Entonces, en esta época pandémica, el sentido de esta colección en conjunto es mostrar que se prohíbe tocar y nada más se permite ver, en este momento en que “estamos entre la intuición del desasosiego y la intuición de la esperanza; entre la soledad experimentada, pero también la intuición de la compañía del Otro”.

Como dato curioso, el Padre Henríquez mencionó que una constante en la obra de Miguel Aguayo es que él siempre incluyó, “con su propia mano y de manera muy minuciosa”, un poema, una frase o una cita de otros poetas, por ejemplo, de Rosario Castellanos, de quien fue amigo. “Y en esta colección rescatamos estas espaldas de los cuadros (con las citas) y las pusimos a la vista del visitante, para que vea cuál es el sentido que le quiso dar el autor”.

Inauguración

En la inauguración de la exposición ‘No Tocar, lo que los ojos palpan’, acontecida el pasado miércoles 7 de octubre en el CEX, el Doctor Saúl Cuautle Quechol, Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, manifestó su alegría porque la IBERO cuente con el Centro, un espacio para generar cultura y reflexión, y en el que “podamos expresar de todas las maneras, de todos los modos, una manera de cómo vemos la realidad, cómo otros y otras ven la realidad”.

Manifestó que seguramente el fundador de la Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola, estaría “verdaderamente satisfecho de ver que los jesuitas seguimos con este deseo de generar cultura, pero especialmente, de que se haga experiencia personal viviente de la cultura”.

En cuanto a la experiencia de la aplicación de sentidos, comentó que tiene que ver con “de qué manera nos vamos nosotros acercando a la realidad, desde todo lo que somos: mirando, sintiendo, palpando, tocando, saboreando; en fin, todos los sentidos”.

Añadió que con este montaje el Centro de Exploración y Pensamiento Crítico abre las puertas a todas y todos para mirar lo que una persona como Miguel Aguayo tuvo como experiencia, no solamente de Dios, sino una experiencia honda, humana. “Quisiera que cada vez que miremos un cuadro, una escultura o leamos algo de él, pues pensemos en que es la experiencia de un ser humano como cualquiera de nosotros, que tuvo esa calidez, esa capacidad de hacernos presente una experiencia fundante en su interior.

En representación del Padre Luis Gerardo Moro Madrid, S. J., Provincial en México de la Compañía de Jesús, el Padre José Méndez, S. J., comentó que para la Compañía el arte y la imagen siempre han sido importantes.

En tanto que Miguel Aguayo supo plasmar en su arte todo lo humano, la emotividad, la afectividad y el afecto, que tienen que ver con los ejercicios espirituales de San Ignacio. Por esta razón, se congratuló de contar con la exposición, “para que, con la mirada, con todos los sentidos, podamos experimentar lo que él nos quiso comunicar”.

¿Quién fue Miguel Aguayo?

El Padre Carlos Espinosa, S. J., quien fuera amigo de Miguel Aguayo, a quien conoció en 1967, en el escolasticado, noviciado y juniorado en Puente Grande, Jalisco, comentó que lo que más admiró de Miguel fue su inquietud, su imaginación desbordante y su búsqueda de la belleza.

Miguel, quien se decía jesuita, y después pintor, escultor y poeta, fue un artista completo y un hombre de mucha fe. “Y en una de tantas entrevistas que le hicieron, afirmó que Dios tenía un anzuelo para cada uno de nosotros, y que el anzuelo que le había dado a él era el anzuelo de la belleza”.

Esa fe, Miguel Aguayo la deja ver en sus cuadros expuestos en el Centro, pero también en ‘El Cristo de fuego’ (alguna vez alojado en la IBERO, y actualmente en la Curia Provincial de la Compañía de Jesús en México), así como en ‘El Cristo de la capilla’ de la Universidad, escultura que él mismo forjó.

Como colofón, el Padre Espinosa citó un poema de Miguel Aguayo: ‘Si digo mar, se me llenan los ojos de gaviotas, y en mi sangre hay resaca de espuma y caracolas. Digo mar, y los ecos se me pueblan de palmas, y la brisa me llena el horizonte de playas. Mar, la mar, y naufragan de sed los veleros el alma’. “Ese era Miguel”.

Asistentes

Además de las personas ya mencionadas, en la inauguración de la exposición también estuvieron presentes, por parte de la IBERO Ciudad de México: Mtra. Sylvia Schmelkes, vicerrectora académica; Mtro. Jorge Meza, director general de Vinculación Universitaria; Mtra. Araceli Téllez, directora general de Formación e Incidencia Ignacianas; y el Mtro. Mariano Torres, S.J., director del Departamento de Ciencias Religiosas.

Asimismo, el Padre Fernando Casillas, del equipo de Gobierno Provincial; el Padre Carlos Vigil, representante de la Comunidad de San Ignacio (quien fuera Rector de la IBERO CDMX); y la Mtra. Mónica Martí, del equipo de Filocalia (parte de la Provincia Mexicana que vela por el patrimonio artístico, tanto en  posesión, como el creado por los jesuitas).

Cabe resaltar que el P. Henríquez agradeció al P. Torres la generosidad de prestarle al CEX la obra pictórica del Padre Miguel Aguayo, que tenían en custodia en la Comunidad Vasco de Quiroga, residencia jesuita donde habita el Padre Mariano y donde vivió el Padre Aguayo, quien fuera catedrático de la Universidad Iberoamericana durante más de cuatro décadas.

La exposición

La colección se expone en la galería principal del CEX, y estará abierta a la Comunidad IBERO a partir del lunes 12 de octubre, de lunes a sábado de 11:00 a 18:00 horas. La entrada es libre.

El Centro de Exploración y Pensamiento Crítico ha rediseñado sus espacios y actividades para brindar a sus visitantes la máxima seguridad bajo los protocolos establecidos por las autoridades sanitarias (aforo controlado, áreas ventiladas y desinfectadas, uso de cubrebocas obligatorio y gel desinfectante).

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Texto y fotos: PEDRO RENDÓN/ICM

 

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