Miguel León Portilla, su pasado jesuita y su relación con la IBERO

Mié, 2 Oct 2019
El historiador mexicano estudió en instituciones confiadas a la Compañía de Jesús
En 2002, el Sistema UIA-ITESO le entregó el Doctorado Honoris Causa
En 2005, FICSAC reconoció la labor académica y social de León Portilla con el Premio Tlamatini
  • El entonces Rector Enrique González Torres entrega el diploma del Doctorado Honoris Causa a Miguel León Portilla (Cortesía Comunidad).
  • Medalla del Doctorado Honoris Causa a Miguel León Portilla y el Premio Tlamatini, compuesto de una estatuilla y un folleto informativo (Iván Cabrera/IBERO).

El vínculo entre Miguel León Portilla (1926-2019) y la Compañía de Jesús se dio en los primeros años de formación académica del historiador, filósofo y humanista mexicano. La preparatoria la realizó en el Colegio de los Jesuitas, en Guadalajara, y estudió en la Loyola University, en Los Ángeles, California, institución hermana de la Universidad Iberoamericana, confiada a esta orden religiosa.

Fue durante estos años de estudio en centros educativos jesuitas que se interesó por la filosofía y la historia. “Yo estudié griego y latín con los jesuitas”, recordaría León Portilla en un texto publicado en el Boletín Editorial de El Colegio de México (2015). Fue entonces que dominó las herramientas filológicas para acercarse al mundo náhuatl.

En los años 60, impartió clases en la IBERO y el 19 de noviembre de 2002 regresó a ella para recibir el Doctorado Honoris Causa (Sistema UIA-ITESO) “como reconocimiento a su labor en favor de las culturas indígenas del Continente Americano, a su aportación al conocimiento de las mismas a través de la exhaustiva investigación y la publicación de sus obras, así como por su compromiso social en la lucha por el reconocimiento y mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos indígenas” (Comunidad, 2002).

En su discurso de recepción, el Dr. León Portilla hizo un elogio al papel de “mis amigos jesuitas” en tierras mexicanas. “Debo a ellos parte muy importante de mi formación moral e intelectual. A muchos de ellos me he acercado, tanto a través de sus obras como en no pocos casos tratándolos como personas. Y añadiré que hace años en esta Universidad he dado clases de historia y antropología”.

Reconoció que los méritos de la filosofía jesuita son su amplia y sólida formación intelectual, una preparación abierta y de enfoque universal que los capacita para realizar múltiples actividades; y se refirió a las aportaciones hechas por la Compañía de Jesús a México desde su llegada en 1572 hasta el presente, sin olvidar su expulsión.

“Es satisfactorio comprobar que mis amigos jesuitas contemporáneos, en renovado proyecto, prosiguen y enriquecen las labores de sus predecesores: quehaceres religiosos, docencia, investigación en sus colegios y universidades; acercamiento a los pueblos indígenas, así como haciendo aportaciones en las humanidades y ciencias”, dijo durante su discurso por el Honoris Causa.

El 13 de abril de 2005, el especialista en lengua náhuatl fue reconocido por el Fomento de Investigación y Cultura Superior A. C. (FICSAC), Patronato Económico y de Desarrollo de la Universidad Iberoamericana, con  el Premio Tlamatini, instituido desde 1996 por el Comité de Cultura de esta entidad, por realizar contribuciones importantes a la educación de nuestro país.

Durante estos años, el vínculo entre León Portilla y la IBERO no cesó, incluso el historiador revisó algunos documentos como un testamento original en náhuatl, parte de la Colección de Manuscritos de nuestra casa de estudios. En este último año, a pesar de tener problemas de salud, no detuvo su vocación académica y pidió a esta institución una copia de ese documento para seguir investigando.

Este 1 de octubre, como una exposición-homenaje al Dr. Miguel León Portilla, la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero (BFXC) de la IBERO Ciudad de México, organizó una conferencia magistral y montó una exposición por los 60 años de la primera edición del libro La visión de los vencidos, misma que estará en este recinto universitario hasta el próximo 25 de octubre.

Mientras que la última publicación para la Universidad Iberoamericana, se dio en el número 61 de la revista IBERO (abril-mayo de 2019), que versó sobre las lenguas indígenas en México, su vitalidad y resistencia. El doctor  permitió que se reprodujera el texto Las lenguas indígenas en el tercer milenio, en el que hacía una defensa del valor de las lenguas originarias y el papel que tenemos nosotros para mantenerlas vivas.

“Tal vez lo único que estas requieren para volver a florecer es que, como las plantas a las que otra más grande hace sombra, se les libere de cualquier opresión. Entonces será verdad de nuevo lo que expresó un antiguo cuicapicqui, poeta del mundo náhuatl: No acabarán mis cantos, no morirán mis flores, yo cantor los elevo, así llegarán a la casa del ave de plumas de oro”.

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Iván Cabrera

 

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