Pablo Latapí representa lo que universidades jesuitas quieren ser y construir

Jue, 29 Ago 2019
El Rector de la IBERO inauguró en esta Universidad las actividades de la ‘X Cátedra Pablo Latapí Sarre’
  • Este día se inauguró en la IBERO la ‘X Cátedra Pablo Latapí Sarre’.
  • Pablo Latapí representa mucho de lo que las instituciones del Sistema Universitario Jesuita quisieran ser y pretenden construir, dijo el Mtro. David Fernández, Rector de la IBERO.
  • La Mtra. Sylvia Schmelkes, vicerrectora Académica, mencionó que la Cátedra Pablo Latapí nació con el objetivo de “dejarnos iluminar con su pensamiento y su método para entender la cambiante realidad”.
  • En el presidium: Dra. Hilda Patiño, Dr. Luis Javier Cuesta, Mtra. Sylvia Scmelkes, Mtro. David Fernández, Dra. Marisol Silva y Dr. Stefano Sartorello.
  • Sra. María Matilde Martínez, viuda de Pablo Latapí Sarre, una de las asistentes.
  • Schmelkes y Martínez dialogando antes de que se inaugurara la Cátedra.

El investigador educativo e impulsor de instituciones centrales para el desarrollo educativo de México, Pablo Latapí, representa mucho de lo que las instituciones del Sistema Universitario Jesuita (SUJ) quisieran ser y pretenden construir, consideró el Mtro. David Fernández Dávalos, S.J., Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad del México, al inaugurar en ésta, la ‘X Cátedra Pablo Latapí Sarre’.

En su mensaje previo al inicio formal de las actividades, el Rector dijo que fue un gran acierto que el SUJ haya creado una Cátedra sobre temas educativos con el nombre de Pablo Latapí Sarre, pues “pocas veces el nombre de una persona ajusta tan bien con una filosofía que anima a una institución o a un conjunto de instituciones; y éste es el caso”.

Abundó que las universidades jesuitas han querido y quieren, al amparo de la inspiración de Pablo Latapí, investigar la realidad educativa de México e impulsar las entidades necesarias para garantizar el mejor desarrollo educativo del país, de una manera crítica, comprometida y apasionada por esta causa.

Junto con Pablo, las instituciones del SUJ quieren reiterar una y otra vez la importancia de la política educativa, tema central en los análisis de Latapí. Pero, destacó el Rector, la educativa no es una entre otras políticas públicas, porque su objeto es el desarrollo de las siguientes generaciones, lo que le da un rango especial y un carácter central. Y, “si bien está acotada y condicionada por las políticas económicas y otras realidades sociales, es ella la que articula a las demás, define sus horizontes y les imprime su significado humano”.

Como el objeto de la política educativa son los aprendizajes futuros, posibles y deseables, de una sociedad determinada, el objetivo de la política educativa se extiende hacia la intuición y los sentimientos del arte, de los sistemas de convivencia o de las éticas sociales, pues con todo se relaciona y de todo se nutre. “Por eso las enseñanzas de Pablo son centrales para nosotros, y queremos actualizarlas constantemente”.

Llamar Pablo Latapí Sarre a esta Cátedra, suma integridad y suma sabiduría a este importante espacio académico. Por eso, el Mtro. Fernández Dávalos externó el gusto de la IBERO y del SUJ de “tener la oportunidad de reflexionar juntos sobre la centralidad de los valores en la educación, justamente bajo el patrocinio de Pablo Latapí”. Y a los asistentes les dijo que espera “que los frutos de este día nos ayuden a ir siendo cada vez mejores universidades, mejores educadores, mejores personas”.

Pablo Latapí, una luz para entender la realidad

La Mtra. Sylvia Schmelkes del Valle, vicerrectora académica de la IBERO, dijo que, desde el principio, la Cátedra Pablo Latapí Sarre -creada a un año de su muerte-, tuvo como objetivo “dejarnos iluminar con su pensamiento y su método para entender la cambiante realidad”.

Una realidad en la que hoy, imaginó Schmelkes, Latapí seguramente estaría compartiendo su beneplácito con la orientación de la nueva política educativa hacia la equidad, pero también haría extensiva su perplejidad por tratar de resolverla mediante metas universales. Lamentaría sin duda el alejamiento de la definición de política educativa basada en evidencias, y recordaría la necesidad de los buenos diagnósticos y de la planeación racional para atender los grandes problemas educativos, como los insuficientes aprendizajes y las inequidades en la distribución del bien educativo.

Estaría preocupado por dilucidar formas de atender formativamente al magisterio mexicano, denostaría sin duda el clientelismo y la corrupción en el sector, y reflexionaría sobre lo que necesitan aprender los niños, los jóvenes y los adultos, para enfrentar la difícil realidad actual y el incierto futuro. “Sus reflexiones sin duda nos llevarían a planteamientos de injusticia estructural como causa fundamental de gran parte de estos flagelos”.

“Sabemos que para Pablo Latapí, la comprensión de las injusticias y las inequidades, y la búsqueda de la justicia social, fueron el hilo conductor de su pasión como investigador educativo, y de su producción intelectual y periodística”. Él entendía la paz como consecuencia de la justicia, y concebía la contribución de la educación al cambio social como algo que podía ocurrir en un contexto de transformación estructural hacia una mayor justicia social.

Sin duda, Latapí traería a cuenta sus profundas indagaciones filosóficas, sociológicas y económicas, y volvería a inspirar con ellas propuestas que condujeran a la distribución proporcional del bien educativo. “Nunca creyó que la educación por si sola tuviera la capacidad de provocar el cambio social, estaba convencido de la necesidad de cambios estructurales, como condición para que ello ocurriera. A pesar de ello, creía en el poder de la educación”.

La Vicerrectora destacó que, en sus últimos escritos, Pablo abrazó la noción de la educación como derecho humano básico, y como derecho llave que abre la posibilidad de ejercer muchos otros de los derechos fundamentales. Además, entendía que la persona es plástica, por ella misma transformada a lo largo de toda la vida. “Ahora recurriría a la antropología, a la psicología, a la pedagogía, cosa que hizo con mayor énfasis en la última parte de su vida, para entender el poder de la persona para auto-transformarse con el apoyo de la educación”.

Indudablemente, también habría profundizado en la educación en valores, y en la educación para la paz y los derechos humanos, a lo que destinó acciones y escritos en las últimas dos décadas de su vida. “A los investigadores educativos nos pondría el ejemplo de la investigación que persigue la justicia, de una investigación rigurosa, científica, pero no neutral valoralmente. De una investigación educativa que recurriera a múltiples disciplinas para entender la compleja realidad en la que se desenvuelve el derecho educativo, el sujeto que educa y el que se educa”.

Una investigación con marcos teóricos profundos, pero que toca tierra con bases empíricas y experimentales, para entender y potenciar el papel de la educación en la construcción de sociedades justas, solidarias y pacíficas. Una investigación que dialogara con otros investigadores dentro y fuera de México, que se abriera a la crítica y que en última instancia se juzgara por su capacidad de iluminar el camino hacia el cumplimiento cabal del derecho de todos y todas a una educación de calidad.

Por eso, con esta Cátedra, “Pablo nos sigue convocando al compromiso profundamente humano, pero también claramente ciudadano, ciudadano del país y ciudadano del planeta, para generar conocimiento al servicio de una educación capaz de contribuir a la transformación social”.

Junto con el Mtro. David Fernández Dávalos y la Mtra. Sylvia Scmelkes del Valle, compartieron la mesa del presídium: Dra. Hilda Patiño Domínguez, directora del Departamento de Educación; Dr. Luis Javier Cuesta Hernández, director de la División de Humanidades y Comunicación; Dra. Marisol Silva Laya, directora de Investigación; y Dr. Stefano Sartorello, director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE). Y entre los asistentes, se encontraba la Sra. María Matilde Martínez, viuda de Pablo Latapí Sarre.

Texto y fotos: PEDRO RENDÓN/ICM

 

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