Proyectos de investigación en la IBERO se han mantenido pese al COVID

Vie, 30 Oct 2020
Realizan el segundo encuentro sobre desafíos de la investigación en tiempos de pandemia y pospandemia
El conocimiento generado por la investigación en la IBERO: un bien público para todo el país
  • La IBERO financia al año alrededor de 100 proyectos de investigación.
  • Dra. Jimena de Gortari, coordinadora de Investigación en la DINVP.

Cerca de 50 investigadoras e investigadores participaron en la segunda edición de los Encuentros de Investigación, convocados por la División de Investigación y Posgrado (DINVP) de la IBERO, con el fin de reflexionar sobre los desafíos de esta área del conocimiento en tiempos de pandemia y pospandemia.

Durante el momento inaugural del encuentro, la Dra. Jimena de Gortari, coordinadora de Investigación en la DINVP, comentó que la IBERO financia al año alrededor de 100 proyectos de investigación, cuya misión está orientada a contribuir al logro de una sociedad más justa, solidaria, libre, incluyente, productiva y pacífica, mediante el poder transformador de la docencia, la innovación y el contacto estrecho con la realidad.

A propósito del tema de este segundo encuentro, ¿Cómo investigar en las condiciones impuestas por la pandemia?, De Gortari expuso que hace tres meses “trabajamos desde casa y somos conscientes que el regreso a nuestro espacio de investigación es incierto. Además de que la forma en la que veníamos haciendo investigación se ha visto trastocada. Pero al mismo tiempo, se ha transformando, y es increíble el esfuerzo de todo el cuerpo investigativo porque ninguno de los proyectos se ha detenido”.

También, agregó que estos meses de pandemia han permitido repensar y mirar a futuro la investigación con sello IBERO, formulando nuevas preguntas y nuevos sujetos de análisis y que el conocimiento generado por la investigación en la IBERO es y seguirá siendo un bien público para todo el país.

Por su parte, el Dr. Hugo Salcedo, profesor de tiempo completo del Departamento de Letras, señaló que la currícula de la licenciatura, pero preferentemente los estudios del posgrado en Letras Modernas, son un ámbito académico adecuado para la práctica de la investigación, cuyas líneas definen los trabajos para la formación de “profesionistas de la literatura, críticos con sentido estético, y visionarios de los retos sociales y culturales”, ubicados desde los campos de la teoría y la crítica, la hermenéutica, los estudios culturales y de género, entre otros.

Sobre el desafío que representa realizar investigación en tiempos de COVID-19, el doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid, afirmó que “nos encontramos ahora ante un escenario inédito tanto por la amplitud global de la afectación, como por la repercusión en todos los órdenes, lo cual demanda descolocar la función investigativa, haciéndonos preguntas significativas que obliguen a buscar en otros caminos, mediante reformulaciones pertinentes, para quizá encontrar otras respuestas, respuestas que sean acordes a los retos que compartimos”.

Como un ejemplo de ello, el autor de más de un centenar de títulos para teatro y de piezas que han obtenido premios nacionales e internacionales, plantea al hacer-teatral-investigativo en el sentido más amplio, es decir como literatura dramática, representación y acción performativa, como un espacio de visibilidad, “un podio que puede admitir la exposición de las causas disímbolas de las violencias, sus presencias, y en ocasiones, las consecuencias de esta irracionalidad”.

Ya durante el panel Buenas prácticas de investigación durante la pandemia, la Dra. Graciela Teruel, directora del Instituto de Investigación para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE), dijo que la mayor oportunidad se encuentra en hacer investigación y análisis que sean oportunos sobre todo en tiempos como éstos. Cuando hay algún tipo de desastre, existe, a la vez, un extraordinario momento para aprender de esta situación, de su manejo, de los datos que pueda arrojar, por ejemplo, para generar soluciones que nos ayuden a enfrentar otro desastre similar, con mejores herramientas.

Recordó que durante la influenza AH1N1 no se documentó suficientemente la experiencia, lo cual nos hubiera preparado mejor para este tiempo de pandemia mundial.

Para la coordinadora de la ENCOVID-19, lo importante sería poder contar con recursos suficientes para reaccionar rápidamente, pues no todo mundo cuenta con la suerte de recibir apoyo por parte de su institución y se pierde entonces el factor oportunidad para apoyar con alguna investigación. Reconoció que a dos semanas de haber presentado el proyecto de la encuesta de seguimiento de los efectos del COVID en el bienestar de los hogares mexicanos, ya estaban levantando información, gracias al apoyo de la IBERO.

Finalmente, dijo que la “masa de investigadores” puede recomponerse en este momento estructural, a pesar del fuerte golpe económico. El reto es cómo seguir conservando a “nuestros investigadores”, cómo hacer que la academia pueda ser atractiva para seguir contribuyendo a generar investigación y evidencia que sea pertinente en estos momentos.

En el evento virtual también participó la Dra. Amaranta Cornejo, coordinadora de la Maestría en Comunicación y Cambio Social en IBERO Puebla, quien comentó que lleva a cabo una investigación sobre las condiciones materiales, pero también socioafectivas de algunas académicas mexicanas durante la pandemia.

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El principal problema, dijo, es sobre la reproducción social de la vida, en específico el hogar, pues es ahí donde “nos trajimos o nos llevamos el trabajo. Reproducimos la vida y nuestro trabajo asalariado en el mismo espacio”.

La doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM adelantó que la investigación -en la que han entrevistado a 18 académicas que pertenecen a ocho universidades (tanto públicas como privadas)­- está permitiendo documentar retos y necesidades en los ámbitos laboral y académico. Uno de ellos tiene que ver con diversos malestares en distintos niveles de la vida afectiva y psíquica en las mujeres académicas mexicanas, lo cual resulta en no poder contar con una participación que las haga sentir plenas en su actividad.

Integrante de la Red Mexicana de Ciencia, Tecnología y Género, Cornejo detalla que una cuestión importante durante la investigación es la generación de la confianza con las entrevistadas. Incluso, expresó, fue necesario pensar cuáles plataformas utilizar. Por ejemplo, “usar software libre nos permite almacenar la información escapándonos de la tiranía que nos imponen las empresas de los datos, y con ello le damos tranquilidad a las compañeras”.

“Para evitar la saturación de una vida en cuadritos, apagamos las cámaras al momento de hacer las entrevistas. La exposición a la pantalla tiene una afectación emocional pero también visual. Una investigación debe cuidar este tipo de autocuidados”.

Cornejo, también integrante de la Red de Investigadores en Estudios Socioculturales de las Emociones, afirmó que en esta etapa de pandemia no se puede exigir la lógica de la productividad o del productivismo. Eso daría paso a la “perversidad del encantamiento”, categoría marxista que genera en la academia la necesidad de tener más publicaciones, constancias, más puntos para ganar más dinero. “No creo que esa sea la finalidad última de la investigación”, dijo.

Para finalizar su intervención, compartió un poema de Roque Dalton con la idea de regresar a la humildad de ser investigadora o investigador, de bajar del pedestal para “ponernos en el plano tierra a tierra y ver que esta pandemia nos está afectando también como a cualquier persona en tanto que somos personas”.

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Quien también participó en el panel Buenas prácticas de investigación durante la pandemia fue el Dr. Darío Salinas, profesor e investigador emérito del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO. Para él, esta dolorosa experiencia, con sus consecuencias dramáticas y humanitarias, ha logrado transparentar el colapso de un orden social sobre el cual se incubó y se expandió esta pandemia.

El miembro regular de la Academia Mexicana de Ciencias fue enfático cuando afirmó que ese orden mundial es un proceso en el que “estamos todos involucrados, sobre todo quienes tenemos esta enorme responsabilidad de pensar y vincular a nuestra Universidad con la sociedad, a los procesos de conocimiento con problemas no resueltos”.

Lo que vemos ahora, continuó Salinas, es el colapso de una serie de creencias sobre las cuales se ha construido este orden social. La pandemia como proceso social ya venía reconociendo la existencia de procesos de crisis extraordinariamente importantes en América Latina, en el Caribe y en nuestro país. Por eso, es necesario reflexionar sobre lo que esta ocurriendo en el epicentro de esta situación que hoy día golpea a la humanidad, sobre cómo estamos procesando esta situación en la Universidad no sólo en cuanto a un cambio en la modalidad o metodología. Lo que nos está cuestionando son nuestras pautas, nuestros criterios institucionales.

Al abundar al respecto, el sociólogo formado Universidad Católica de Chile precisó que no se trata de un cambio solamente en nuestro instrumental a través del cual realizamos nuestra actividad, eso sería un problema, dijo. Hay que pensar, como un acto obligado, en revisar nuestros fundamentos como Universidad, nuestros elementos doctrinarios desde los cuales instrumentamos y desarrollamos las prácticas.

Por ello, abundó, hay que repensar y erradicar aquello que no nos ha servido, por ejemplo, en el campo de la investigación las “prácticas meritocráticas”, esta especie de premiar o castigar, dependiendo de lo que se hace. Tenemos que cuestionar la senda productivista para hacer a un lado esta cultura de la envoltura y la simulación. Para superar la nefasta industria del prestigio que a veces lo naturalizamos a partir de indicadores que ni sabemos cómo fueron construidos, pero en función de los cuales actuamos para sacar buenos puntajes y obtener estos méritos en el marco de una meritocracia nefasta.

Por último, Darío Salinas propuso no sólo cuantificar sino cualificar la capacidad de impacto de la investigación y el trabajo académico en la IBERO, ya que la incidencia es pensarla desde la capacidad doctrinaria de una universidad al servicio de los más vulnerables. Es necesario tender puentes colaborativos de cara al espacio público y apostarle al diálogo, incluso con los adversarios. “Es un desafío grande”, concluyó.

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Jesús González Alcántara/ICM

 

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