A redefinirse rol docente, profesional con mayor responsabilidad social

Mar, 16 Jun 2020
La Mtra. Sylvia Schmelkes, vicerrectora de la IBERO, habla de este tema, en videoconferencia del Doctorado Interinstitucional en Educación
  • (Pixabay).
  • Mtra. Sylvia Schmelkes, Vicerrectora Académica de la IBERO CDMX.

'Requerimientos de la formación y el ejercicio profesional docente ante las nuevas realidades’.
Primera de dos partes.

Ante los cambios que están ocurriendo en el mundo, como el aumento de la pobreza y la desigualdad, la exacerbación de la exclusión y el crecimiento de la polarización, es necesario contar con nuevos paradigmas educativos, dijo la Maestra Sylvia Schmelkes del Valle, vicerrectora académica de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Ya que frente a esos problemas, “la educación es factor de esperanza y de transformación”. Durante su videoconferencia ‘Requerimientos de la formación y el ejercicio profesional docente ante las nuevas realidades’, Schmelkes lanzó un llamado a contar con una nueva educación, lo que implica redefinir el rol de las y los docentes, quienes consideró, son probablemente los profesionales con la mayor responsabilidad social; la de transformar la sociedad.

En esta webinar, organizada por el Doctorado Interinstitucional en Educación, explicó que los nuevos paradigmas en la educación conducen a considerar que ésta es un derecho humano fundamental para todas y todos; y que la responsabilidad de un profesional de la educación es con todos los alumnos y alumnas que tiene o debiera tener a su cargo, pues si por ejemplo, hay alguna deserción, hasta cierto punto el profesor tiene la responsabilidad cívica de ver cómo puede recuperar a ese estudiante y cómo puede evitar que siga siendo un desertor.

En tanto que el sistema educativo tiene la responsabilidad social de que el derecho humano a la educación se asegure para todas y todos -no únicamente para algunos, mucho menos sólo para los privilegiados-, es decir, que se brinde con equidad.

Pero para que realmente pueda haber equidad, hay que tratar de manera desigual a los desiguales, dándole más a aquellos que más lo necesitan; y también implica, aprender lo necesario para vivir una ‘vida digna’, lo que sea que cada cultura entienda por ésta. “Cada cultura tiene una manera de definir lo que para ella importa y lo que para ella es significativo en la vida, y cada persona tendría que tener derecho a que la educación le diera los elementos necesarios para esa manera de entender la vida digna”.

En ese sentido, Schmelkes entiende que la calidad en la educación es la capacidad que tienen los docentes y el sistema educativo “de ofrecerle a los sujetos esta posibilidad de vivir una vida digna”, como sea que su cultura interprete lo que es una vida digna.

Educación, principal vía legítima de movilidad social

En otro orden de ideas, la Vicerrectora Académica de la IBERO mencionó que la educación es la principal vía legítima de movilidad social, por lo que tiene la obligación de brindar oportunidades para que todos puedan definir su vida.

“Estas opciones, de las que nos habla Amartya Sen (economista indio, autor de trabajos sobre la teoría del desarrollo humano), pues es justamente de lo que se trata la educación; cómo la educación abre opciones, abre horizontes y ofrece esas herramientas para poder elegir adecuadamente entre más opciones en la vida”.

La sustentabilidad, por otra parte,  se convierte ahora en esta crisis en el criterio fundamental de proceder. “Muchas personas interpretan la pandemia (del COVID-19) como una consecuencia del daño que le hemos hecho al planeta, como el hecho de que vivir en un planeta enfermo no permite una vida sana de los seres humanos que viven en ella, ni de ningún ser”.

En este nuevo paradigma educativo también hay que aceptar la diversidad, el que las y los estudiantes en cualquier aula son diversos y que esa diversidad es una ventaja pedagógica, porque justamente brinda la posibilidad de aprender unos de otros. Una diversidad que implica formas distintas de ver el mundo y de entender la vida digna, diferentes maneras de solucionar problemas, de priorizar los valores y de relacionarse con los demás y con la naturaleza.

Al respecto, Schmelkes dijo que con el surgimiento de las epistemologías del Sur, corriente de la cual Boaventura de Sousa Santos es el principal representante, “estamos empezando a ver que hay conocimientos que en la historia han permanecido soterrados, han permanecido escondidos, y que en este momento empiezan a ser muy útiles para poder solucionar problemas que nos están afectando a todos”.

Un ejemplo de esto es ‘el buen vivir’, que ya forma parte de algunas Constituciones de América Latina, como la de Ecuador, donde se respeta el derecho de la Tierra a ser una Tierra más sana. “Entonces estas epistemologías nos han ayudado a entender esta manera distinta de enfrentar la posibilidad de un mundo sustentable”. 

Y algo que añadió la Vicerrectora Académica es que el coronavirus trajo consigo también la utilización de la comunicación virtual como instrumento; pero solamente es eso, “uno de muchos instrumentos para las soluciones que necesitamos”.

Des-economizar la educación

Entre los nuevos paradigmas que se necesitan en la educación también está el de ‘des-economizar la educación’. “Hay una tendencia fuerte a pensar que la educación fundamentalmente prepara para el empleo, para poder obtener ingresos, y eso es cierto, no le quitamos esa parte de importancia a la educación, sí la tiene; pero no es la única función”.

Ciertamente, la Maestra reconoce la necesidad de establecer, restablecer y afianzar el vínculo educación-empleo y educación-ingreso; pero también hay muchas otras cosas que la educación tiene que hacer, entre ellas, la de educar para respetar la naturaleza.

Y es que a los ‘cuatro pilares de la educación’: aprender a ser, aprender a hacer, aprender a conocer y aprender a vivir juntos, la Vicerrectora de la IBERO agrega un quinto: aprender para la sustentabilidad; que si no se aprende en la escuela, difícilmente se aprenderá en otro lado.

Otra cosa que, mencionó, trajo consigo la pandemia del COVID-19, es que “nos demostró qué perdemos con el confinamiento y con la educación a distancia. Y perdemos esta posibilidad de convivir y de buscar crear comunidad y crear paz; no la perdemos del todo, pero la perdemos de manera muy importante”.

Por ello, hay que volver a considerar que el rol del educador profesional tiene mucho que ver con la capacidad de formar para convivir y formar para tener sociedades pacíficas. Y eso, la única manera de hacerlo, es teniendo la oportunidad de tener convivencias pacíficas y democráticas al interior de la escuela, porque las escuelas “son laboratorios de convivencia”.

Por ejemplo, ahora que se ha visto en Estados Unidos un resurgimiento del racismo –que siempre está latente-, hay que luchar contra éste, y contra la discriminación, desde la actividad educativa, al educar para respetar, valorar y apreciar la diversidad.

Eso tiene que ver con fortalecer las identidades de las y los estudiantes, que tengan la posibilidad de crecer desde lo que son, y que en convivencia con otros se van a ir transformando, porque van a ir aprendiendo de los otros. “Pero nunca deben de perder el orgullo de su propia identidad, porque eso es lo que les va a dar la posibilidad para poder relacionarse con los demás desde planos de igualdad”.

Las y los educadores tampoco pueden olvidar que son ellos, los docentes, quienes forman para la ciudadanía y para la democracia, local y global. “Tenemos que empezar desde lo que tenemos más cercano, desde nuestra aula, desde nuestra escuela, para ir empezando a sembrar democracia a nivel de nuestra comunidad de referencia, y poder empezar a generar esta capacidad de comunicación y de comprensión respetuosa de los otros a nivel global”.

Aprender a aprender

Por otro lado, la Mtra. Sylvia Schmelkes comentó que es necesario aprender a aprender, algo que quedó muy claro con la democratización del conocimiento, al tenerlo en el ciberespacio y poder acceder ahí a él; por lo que ahora hay que trabajar con el alumnado en la capacidad de acceder a la información y al conocimiento, y en cómo se explica y se ordena esa información.

Asimismo, hay que trabajar en saber cuándo el conocimiento al que se accede es suficiente o cuando se requiere el conocimiento experto. Y se habla ahora también del aprendizaje lateral, que implica poder tener un aprendizaje creativo e innovador; para lo cual ayuda mucho la educación artística, que no se debe dejar fuera de la actividad educacional.

Junto con una educación focalizada hay que tener también una multifocalizada, que ahora que se habla de interdisciplina, es “esta necesidad de ir rompiendo con los casilleros disciplinarios con los que nos enseñan, para poder empezar a entender el mundo desde toda su complejidad”. Obviamente hay que especializarse en alguna cosa, pero sabiendo de las otras, para poder dialogar con los especialistas de éstas. Y desde luego, hay que contar con un aprendizaje que implique la participación de los educandos como agentes fundamentales de su propio aprendizaje.

Otra cuestión que se debe reconocer, y que se está viviendo ahora en la pandemia con mucha claridad, es que se aprende dentro y fuera de la escuela. “Aprendemos de la escuela, pero también de la vida. Incluso de la vida en confinamiento estamos aprendiendo muchísimas cosas que se nos habían pasado por alto por la falta de tiempo que teníamos de convivir con los otros miembros de nuestra familia”.

Además, no se deja de aprender nunca, pues se aprende a lo largo de la vida y, “aprendemos mediados por nosotros y por el entorno. O sea, el aprendizaje es individual, pero si no tuviéramos relación con los otros y con nuestro entorno sería muy difícil que aprendiéramos...Y a lo mejor lo que estamos también viendo, reconociendo, que estamos perdiendo con el confinamiento, es esta capacidad de aprender mediados por el aprendizaje social y la relación con el entorno”.

La Vicerrectora también habló de ‘la pedagogía de la esperanza’, de la posibilidad de ver hacia adelante, de ver un futuro diferente, que implica necesariamente la capacidad crítica, el aprender a argumentar, “porque tenemos que aprender a que nos convenzan con argumentos y no a que nos laven el cerebro, que nos traten de vender cosas o que nos dogmaticen…Y nosotros igual, si queremos convencer a otros, tenemos que saber argumentar”.

También se tiene que saber crear y saber proponer; algo que está un poco apagado en la forma tradicional de enseñar y de aprender. Se aprende poco a crear y a proponer, porque se aprende mucho a repetir o a manipular el conocimiento que se tiene para aplicarlo en circunstancias distintas; “pero tenemos que empezar a ser creativos, a proponer, a resolver problemas”.

A la vez, hay que “ver el mundo como problemático”, y crear en torno a la solución de los problemas, siempre con la preocupación por el otro y los otros, es decir, “con la conciencia plena de que lo que yo manejo en mi creación tiene consecuencias, y esas consecuencias yo no quiero que sean consecuencias que perjudiquen a nadie, sino al revés, que traten de incluir a los otros en aquello que los puede beneficiar, y desde luego eso implica la justicia, que asegura la paz”.

Texto: PEDRO RENDÓN/ICM

 

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