IBERO imparte taller ‘Las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje’

Jue, 12 Nov 2020
La Dra. Cimenna Chao, coordinadora de la Especialidad en Educación Socioemocional, recordó que las funciones ejecutivas que intervienen en el aprendizaje están reguladas, en gran parte, por las emociones
  • La atención, la memoria y la capacidad de concentración se regulan a través del sistema emocional (Pixabay).
  • Dra. Cimenna Chao Rebolledo, coordinadora de la Especialidad en Educación Socioemocional.

Desde hace poco tiempo, gracias sobre todo a las investigaciones del neurocientífico portugués António Damásio, se sabe que la atención, la memoria y la capacidad de concentración, tres de las principales funciones ejecutivas de orden cognitivo, se regulan a través del sistema emocional, más que desde el sistema cognitivo.

El que las tres habilidades más importantes para el aprendizaje, atención, memoria y concentración, estén reguladas principalmente por los estados emocionales de las personas significa que, “dependiendo de cómo nos encontramos emocionalmente, es que podemos disponer con mayor o menor medida de los recursos atencionales para aprender”, explicó la doctora Cimenna Chao Rebolledo, coordinadora de la Especialidad en Educación Socioemocional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

A partir de esta premisa, mencionó Chao, es que la IBERO decidió impartir a sus docentes el curso-taller Las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje, con el objetivo de que pudieran dialogar y reflexionar en torno a la importancia que tienen las emociones de las y los estudiantes en su aprendizaje, así como las emociones que ellas y ellos, los profesores, llevan al aula.

En ese sentido, a lo largo del curso las y los académicos reflexionaron sobre las emociones que les genera el ver a sus estudiantes desenganchados durante sus clases en línea, cuando alguno(a) no quiere encender la cámara de su computadora durante la sesión o cuando no hay la participación que se esperaba por parte del grupo, y sobre cómo ellas y ellos, los docentes, lidian con estas emociones.

Sobre la importancia de reflexionar en torno a las emociones experimentadas en la práctica docente, Chao subraya que el que como profesores y profesoras puedan desarrollar una conciencia emocional les permite “usar nuestras propias emociones, junto con el clima emocional del aula, para generar aprendizajes más activos y participativos, a partir de una propuesta socioconstructivista, y desde la posibilidad de cocrear aprendizajes en grupo, a través de un diálogo en el que confluyan las emociones e ideas del o la docente con las de las y los estudiantes”.

La intención detrás de movilizar las habilidades socioemocionales en el aula es el poder aumentar la participación, el sentido de eficacia de las y los estudiantes, favorecer el que los alumnos(as) estén más presentes en clase y se puedan ir apropiando de sus aprendizajes. Y que el profesor(a) se sienta más copartícipe, más en comunión, con el proceso de aprendizaje de su grupo. “La idea sería que, a través de ejercitar estas habilidades, se pudiera romper la barrera en donde el docente imparte su curso, o clase, desde su esquina instruccional, y el estudiante simplemente recibe información desde el otro lado del espacio formativo”.

Respecto a cuáles son algunas de las emociones que facilitan el proceso de enseñanza-aprendizaje, la Dra. Cimenna, académica del Departamento de Educación, mencionó que cuando algo genera curiosidad y sorpresa, despierta el interés; y ello a su vez motiva a las personas a querer saber más. Se aprende entonces desde un estado de gozo y disfrute, y puede incluso sentirse orgullo y satisfacción hacia el trabajo; entre otras emociones asociadas.

Los estados emocionales relacionados con la curiosidad, la sensación de reto e incluso con el estrés positivo, o estrés, disponen a la acción y ponen en marcha mecanismos cognitivos-emocionales que permiten engancharse e involucrarse con el aprendizaje.

Durante la presente pandemia de COVID-19, en este momento de confinamiento en el hogar y de clases a la distancia es importante, para ayudar al aprendizaje del alumnado, echar mano de las emociones, de esos estados psicológicos, fisiológicos y cognitivos, y también de las habilidades socioemocionales.

En este momento de distanciamiento social, en que el trabajo de las y los profesores con los alumnos(as) se hace vía remota, con el uso de plataformas como ZOOM o Teams, “necesitamos valernos, por ejemplo, de la habilidad de la autonomía, de la autorregulación, de la colaboración, de la empatía, tanto los docentes como los estudiantes, para poder trabajar de manera más propositiva y activa”.

Eso implica invitar al estudiantado a adoptar un rol más proactivo y más propositivo en su proceso de aprendizaje. “Necesitamos poner en el centro de ese aprendizaje la autonomía, el sentido de agencia, el sentido de autoeficacia, la toma de decisiones; todas estas funciones de orden cognitivo-emocional, que yo llamo del ámbito de la cognición afectiva, para disponer de los recursos cognitivos del cerebro desde los filtros emocionales”.

“Porque algo que te entusiasmó, algo donde tú tienes decisión, algo en lo que tú sientas que tienes maestría o capacidad para llevarlo a cabo, desde tu propuesta, de manera creativa o propositiva, es algo que te va a enganchar más y le va a dar mayor propósito y sentido al aprendizaje, que simplemente repetir, memorizar o revisar información, que no necesariamente parte desde esta mirada de autonomía, o incluso no invita a la búsqueda, a la indagación, desde la curiosidad que puede generar el conocimiento, para seguir aprendiendo”. 

Vale dejar en claro que la Mtra. Claudia Celis Toussaint, académica de la Dirección de Desarrollo y Acompañamiento Educativo (DiDAE) de la IBERO, impartió el curso-taller Las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje, el cual presentó como su proyecto de titulación de la Especialidad en Educación Socioemocional.

En torno a esto, la Dra. Chao comentó que la intención es aprovechar el conocimiento que se genera desde este posgrado, para apoyar el trabajo de la comunidad educativa de la IBERO, para generar una sinergia educativa entre las emociones y la cognición, y favorecer el clima de convivencia, las relaciones interpersonales y colaborativas en el aula, y ayudar a aprender mejor.

“Si aprendemos a utilizar las emociones como palanca para el aprendizaje, no solamente beneficiaremos a las y los alumnos, también como profesores nos abriremos a una posibilidad de mayor disfrute, de mayor motivación en nuestro trabajo docente, trabajando desde nuestras emociones, con nuestras emociones y las de nuestros estudiantes”.

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Texto: PEDRO RENDÓN/ICM

 

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